El paciente trabajo de tejer y destejer memoria

martes, 24 de marzo de 2020 · 12:40

Treinta mil ovillos fueron desordenados, desarmados, mezclados, cortados y escondidos. Al final aquel gran desastre, resultó muy difícil identificar cada uno de los hilos, saber de dónde provenía o encontrar aquellos que estaban desaparecidos. Una enorme maraña de lanas de todos colores, largos, grosores y texturas había quedado totalmente oculta. Pero quienes habían perdido un ovillo, no se dieron por vencidos. Gritaron a los cuatro vientos reclamando que les devuelvan su lana, que les dijeran dónde estaba, que juzgaran a los que se la habían arrebatado. Un alarido que se convirtió en consigna y marcó un antes y un después: Nunca Más.

La memoria es el ejercicio de tomar cuidadosamente en las manos un trozo de hilo y seguirlo, recorrer el camino que marca, la historia que va contando. A veces, los nudos son tan fuertes que resultan muy difíciles de desatar. Otras veces, parece que se ha llegado a la punta, al comienzo o al final del ovillo y es solamente una parte en el medio que ha sido cortada por la fuerza o de un tijeretazo. Pero una lupa permite descubrir las marcas de los tironeos o tijeras. Con paciencia, todos los nudos se pueden desarmar y llevarán a visibilizar no uno solo de los hilos, sino varios.

 

Las luchas

Tenacidad, paciencia y obstinación son características que definen a los organismos de derechos humanos que desde 1976 reclaman justicia por los detenidos y desaparecidos durante la última dictadura cívico militar. En Paravachasca, las actividades masivas por la Memoria son recientes y coinciden con la declaración del 24 de marzo como feriado y Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia.  De la mano de jóvenes estudiantes, en la primera década de los años 2000, comenzaron las marchas de cada 24 de marzo, que se realizaron de manera simultánea a las de todo el país. Este 2020, se cumplieron diez años de la Vigilia por la Memoria, que se realiza todos los 23 de marzo en Villa La Bolsa. Desde hace una década, gran cantidad de personas se reúne en las últimas horas de la víspera al aniversario de Golpe y aguarda el inicio del 24 para marchar por la ruta 5 recordando a los desaparecidos. Evidentemente, este año debió suspenderse por la emergencia sanitaria, pero las manifestaciones de memoria continuaron en las redes sociales.

En 2014, en Alta Gracia, se realizó la primera Ronda por la Memoria. Acompañando a Emilia Villares de D´Ambra, militantes de derechos humanos realizaron vueltas a la Plaza Solares y vociferaron los nombres de los desaparecidos del Valle de Paravachasca. Se convirtió enseguida en tradición y se repitió cada año, incluso después de la muerte de Villares de D´Ambra.

Sin embargo, la búsqueda de Memoria, Verdad y Justicia no es algo nuevo en Alta Gracia ni en el departamento Santa María. Emilia Villares y Santiago D´Ambra se convirtieron en íconos de los derechos humanos en la ciudad luego de reclamar durante muchos años por sus hijos desaparecidos, Carlos y Alicia. En 2016, Emilia pudo ver algo de justicia por su hijo, cuando la sentencia de la Megacausa La Perla condenó a prisión perpetua a Luis Gustavo Diedrichs, Jorge Exequiel Acosta y Ernesto Guillermo Barreiro como responsables de su desaparición y muerte entre otros crímenes.

Durante décadas, Alta Gracia consideró que tenía dos desaparecidos: los hermanos D´Ambra. Sin embargo, una investigación periodística publicada por Sumario, reveló que en realidad existía otra persona, que incluso había sido secuestrada en la ciudad, con un amplio despliegue sobre Avenida del Libertador. Hugo Alberto Pavón fue trasladado a la Comisaría de Alta Gracia y posteriormente a la D2, en la ciudad de Córdoba. Se presume que allí habría sido asesinado a los cinco días de su secuestro.

 

Los datos

Al hurgar entre los ovillos para llegar a relatar una de las historias, van apareciendo otros que antes estaban ocultos. Así fue como en 2019, el Colectivo Paravachasca por la Memoria dio a conocer un nuevo nombre: Elba Rosa Navarro Iriarte. A la inversa de los casos anteriores, con Elba ocurrió que sus secuestradores y asesinos fueron condenados antes de que la ciudad en donde nació supiera que ella alguna vez había existido. Más allá del colectivo de derechos humanos, no hay familiares o amigos en Alta Gracia que recuerden a la joven que fue secuestrada con treinta y un años y un embarazo reciente. Elba cursó la escuela secundaria en Córdoba, estudió en la Facultad de Psicología y desarrolló su actividad laboral en un colegio de la capital provincial. Era militante de la Organización Comunista Poder Obrero (OCPO). No hay datos que indiquen cuánto tiempo vivió en la ciudad ni en qué fecha se radicó definitivamente en Córdoba. Aún queda mucha lana por desenrollar en este sentido.

Independientemente del arraigue que tuviera o no con su Alta Gracia natal, en la tarde del lunes 16 de agosto, Elba estaba en su casa. Vivía sobre calle Leopoldo Marechal en Villa Azalais Oeste, de la ciudad de Córdoba. Un grupo perteneciente a alguna fuerza armada o de seguridad –no se ha identificado si se trataba de policía, ejército u otra institución- ingresó por la fuerza a su domicilio y la secuestró. Elba fue trasladada hasta el Centro Clandestino de Detención La Perla, junto con una compañera de militancia, María Inés Muchiutti, una joven de  veintisiete años que había sido secuestrada en la siesta de ese mismo día en la calle.

No está claro el tiempo que Elba y María Inés permanecieron en La Perla. Sí se sabe que fueron sometidas “a constantes torturas físicas y psíquicas, tal como se procedía sistemáticamente con todos los que se encontraban detenidos en esas dependencias, obligándolas a permanecer con las manos atadas, los ojos vendados y acostadas en colchonetas sobre el piso, con la prohibición de moverse y/o comunicarse con los demás secuestrados, privándolas de la alimentación, higiene y atención médica adecuadas, como también información fidedigna respecto al lugar y causa de detención, autoridades intervinientes y procedimiento seguido y destino que habría de imponérseles, forzándolas a escuchar gritos y lamentos de otras personas que eran allí torturadas, al igual que los comentarios denigrantes y amenazas de sus victimarios, siendo interrogadas en sesiones en las que se las apremiaba a contestar mediante diversos tratos crueles, propinándoles a la vez, toda clase de golpes, con el específico objeto de menoscabar su resistencia moral para acceder a la información que pudieran aportar en relación a militantes e infraestructura de las organizaciones o agrupaciones cuya eliminación se habían propuesto por entonces las Fuerzas Armadas y de Seguridad” según detalla el fallo de la Megacausa La Perla en el hecho nominado treinta y nueve.

Durante algún tiempo, se sospechó que Elba podría haber parido en cautiverio. Sin embargo, los aportes de los testigos que declararon en el juicio que comenzó en 2012 y finalizó en 2016, revelaron que Elba y María Inés estuvieron no más de treinta días en el centro clandestino de detención. Las dos jóvenes fueron sacadas de La Perla vendadas, maniatadas y amordazadas y fueron asesinadas en los terrenos del Ejército. Sus restos aún no han sido encontrados.

 

Las tramas

Tejer y destejer, con la paciencia de Penélope, es la labor cotidiana de quienes luchan por dilucidar los crímenes de lesa humanidad cometidos entre 1976 y 1983. Desenredar los hilos lleva a conocer otras historias con víctimas que merecen justicia, familiares y amigos que necesitan la verdad y responsables que no deberían morir como inocentes. Cada historia que se visibiliza es una parte de un ovillo que se recupera. Porque esos ovillos que han sido desarmados, rotos y escondidos no podrán volverse a armar jamás, pero sí podrán contar su historia para fortalecer el Nunca Más.

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