Miércoles 23 de Octubre/09:59 hs
Sociedad

Los que avisaron

Los antecedentes de Facundo Giménez, antes del femicidio de Aydée, hablan de una tragedia evitable.

Por Andrés Cottini

De nuestra redacción

 

Una niña de 16 años llega a los Tribunales de Alta Gracia. Pasan cuatro horas. Sigue esperando. Está hambrienta, cansada y nerviosa. La acompaña su madre. Juntas aguardan el llamado a declarar. Dos semanas atrás realizó la denuncia por Violencia de Género en la comisaría de Despeñaderos, pero todavía no llegó a la Fiscalía. Si bien han conseguido una restricción para el agresor, éste no la respeta. La sigue amenazando, persiguiendo, y burlándose de los familiares cuando puede. Y como si no bastara, alguien ingresó al patio de su casa, roció con nafta la moto y la prendió fuego. Casi incendia la panadería y la vivienda. 

Veintisiete meses después, el 1º de junio de 2019, Candela Maldonado tiene miedo y vuelve a pasar una noche sin dormir. A Facundo Giménez -su agresor en 2017- lo acusan de asesinar a Aydée Palavecino. Está prófugo, la policía no lo encuentra, y la joven teme que ahora, perdido por perdido, vaya por ella.

Finalmente la jueza Adriana Vigilanti llama a declarar a Candela Maldonado. “Cuando entré esperaba que me ayudaran, que me dijeran que iban a hacer lo posible para meterlo en la cárcel… pero no, me hizo preguntas como queriendo culparme a mí:¿Por qué yo no lo dejé antes? ¿Si yo hacía cosas para que él tenga celos? ¿Si yo lo había incitado? y otras que no me acuerdo... Estaba muy confundida”, cuenta Candela. “Si yo hubiese estado ahí, directamente me levantaba y me iba”, dice Rafael Maldonado, padre de la niña y protagonista central en el proceso que ayudó a Candela a salir del círculo de violencia en el que estaba atrapada por Giménez. “¿Cómo puede ser que venimos haciendo todo un trabajo con la psicóloga para que después vengan y la traten como la trataron?”, se pregunta.

El femicidio de Palavecino impacta en la joven. “Cuando me enteré que había matado a Aydeé me dio mucho miedo, pena, tristeza y bronca e impotencia porque a lo mejor, si la Justicia me hubiese escuchado, la hubiesen podido salvar. La Justicia le dio la libertad para hacer esto”, reflexiona ensimismada Cande.

Cande Maldonado: "No nos traten de locas o exageradas, es verdad que nos están matando".

 

El noviecito
En 2015, cuando Candela tenía 14 años, conoció a Facundo Giménez en un grupo de amigos en común. Al tiempo comenzó a tener un vínculo afectivo y más adelante se pusieron de novios. Él es un puñado de años más grande que ella. Como en muchos casos, “al comienzo fue normal y después empezó a celarme mucho, me controlaba y me revisaba el celular. Después me decía que solo me vea con mujeres, que si había hombres que lo llamara a él”. Corría 2016 y llevaban varios meses de relación. Rafael Maldonado siguió de cerca lo que le pasaba a su hija: “la empecé a ver rara. Le preguntaba si le pasaba algo pero ella no me decía nada. Hablé con la madre y le dije que la notaba muy agresiva, que se enojaba por todo y la escuchaba llorar mucho cuando hablaba por teléfono con el chico. Una vez estuve cerca de su cuarto cuando hablaba por teléfono y le escuché decir entre llantos‘¿Por qué me tratás así?’. Ahí le dije: ‘Si la relación no va Cande… no va’ pero ella me negaba todo y cada vez la veía peor”. 


Un día, la esposa de Rafael Maldonado vio cómo Facundo Giménez empujaba violentamente a Candela contra un árbol en la vía pública. Al otro día, le contó a su marido y éste no perdió tiempo. Habló con la madre y ambos le propusieronir al psicólogo. Ella aceptó. “Con la terapia vi todo, en dos o tres sesiones, abrí los ojos y lo dejé”, reconoce la chica. A partir de ese momento, comenzaron las amenazas. Ahí le pidió ayuda a su padre para que hablara con los familiares de Facundo Giménez. Era el tiempo del carnaval en Despeñaderos y Rafael le pidió “que por nada del mundo salga del corso. ‘Quedate con tus amigos o llamame y te voy a buscar´”. Ese sábado, según algunos testigos, Giménez habría entrado al patio de los Maldonado, prendido fuego la moto y salido corriendo. Casi se incendia la panadería del fondo y la casa. “Hubo gente que lo vio salir corriendo, pero como algunos dijeron que tenía capucha y otros que no, la policía no lo confirmó…pero fue él. Ahí hacemos la denuncia y me entero que le mandaba mensajes con fotos de navajas y le decía que le iba a cortar el cuello. Que la iba a matar si no salía con ella”, cuenta Rafael Maldonado.

Una cuchillada
Dos años y tres meses después de las denuncias de la familia Maldonado contra Facundo Giménez, Aydée Palavecino fue asesinada de una cuchillada en el cuello. El presunto femicida y ex novio de Candela, prófugo. La policía lo buscaba “intensamente”. Cuenta el padre de Cande que “Esa noche no durmió nadie en esta casa, imaginate como estábamos. Yo siempre pienso que la nafta esa con que incendió la moto… no era para la moto.”

Después del fuego
En 2017, cuando denunciaron a Giménez, la Justicia dictó una restricción. Pero el joven la seguía hostigando con mensajes y violaba las medidas judiciales. “Antes de que vaya a la cárcel, me lo tenía que seguir bancando. Verlo en la calle y dos semanas después decidimos ir a la Fiscalía de Alta Gracia a ver qué había pasado. Resulta que en la Fiscalía no sabían nada, no había llegado nunca la denuncia”, cuenta Candela. Unos días más tarde, la llaman a declarar al Juzgado de Violencia Familiar a cargo de Vigilanti. Por haber violado las medidas de restricción, Facundo Giménez fue imputado por Amenazas, Amenazas Calificadas, Desobediencia a la Autoridad y violación de Domicilio. Estuvo 25 días en la cárcel de Bouwer y salió con libertad condicional. Según explicó el Fiscal Alejandro Peralta Otonello, “la regla es que toda persona debe esperar el proceso en libertad y salvo casos muy excepcionales, cuando haya peligrosidad procesal, se pueda entorpecer el proceso, haya posibilidad de que se dé a la fuga o haya atentado contra una víctima o testigo, la persona tiene el derecho de esperar en libertad el juicio”. Según describen, es difícil anticipar como pueden llegar a continuar las historias delictivas de los hombres.
Luego de salir de la cárcel, Giménez tenía impuesta una serie de restricciones: según las víctimas, la Justicia determinó que el joven debía asistir al psicólogo dos veces por semana, conseguir trabajo fuera de la ciudad y que no podía acercarse a menos 300 metros de Candela. Sin embargo, Facundo Giménez luego de salir de la cárcel, vivió a dos cuadras de su exnovia, nunca fue al psicólogo ni tampoco trabajó fuera de la ciudad. Si bien Candela asegura que nunca más se hablaron, jamás nadie controló el cumplimiento de los requisitos impuestos al joven. Según Peralta Otonello, quien tuvo el expediente poco más de 20 días hasta que elevó la causa a juicio y pasó a Córdoba, “si hubo violación a las condiciones impuestas, nunca fuimos anoticiados. Eso podría haber modificado el curso de la causa”. Es decir, no aparecen dichas violaciones a la restricción en los registros y si se hubiese conocido, tal vez el joven esperaría ese juicio en la cárcel. 


Según el último estudio realizado por la Justicia de Córdoba, durante 2018 se iniciaron 54.327 nuevas causas de Violencia Familiar y de Género. Sólo en la sede de Alta Gracia, hubo 1.481 nuevas causas y se dictaron 771 medidas de restricción para limitar la comunicación y la cercanía entre el agresor y la víctima. ¿Cómo se controlan esas causas? ¿Habrá algún tipo de control a los agresores?


Tal vez, en este momento, alguna mujer angustiada está, hace horas, esperando que le tomen testimonio. Y cuando lo hagan, ¿la tratarán también como culpable?


Candela se salvó. Si su rostro hoy no es una pancarta, no fue precisamente por la acción de la Justicia. 
 

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