EDICIÓN IMPRESA

Aprender trabajando y trabajar soñando

El Taller Protegido Municipal contiene a seis personas con capacidades diferentes.

(Alta Gracia, de nuestra redacción) Marcelo toma la palabra y comienza a explicar. “Primero se hace la masa de los discos de empanadas, con harina, agua y aceite; después se estira; luego se corta y por último se empaqueta”. El Taller Protegido Municipal “Trabajando por nuestros sueños”, es un espacio laboral de contención para personas con discapacidad que funciona en bario Sabattini y depende de la Municipalidad de Alta Gracia. Actualmente está compuesto por seis jóvenes: Cintia, Marcelo, Claudio, María Eugenia, Alejandra, Daniela y María José Villegas – coordinadora del taller - que asisten al lugar para producir fundamentalmente tapas de empanadas y de tartas. 

El taller comenzó a funcionar hace 13 años, pero desde hace nueve, durante la intendencia de Mario Bonfigli, pasó a depender de la órbita municipal. “Al principio, trabajamos con una institución, pero posteriormente dejó de recibir fondos del Gobierno Nacional, que era el que subvencionaba los talleres productivos. Se hizo muy difícil sostenerlo, entonces un grupo de mamás se acercó a la Municipalidad y, a través de Leandro Morer, que era entonces Secretario de Gobierno, se produjo el traspaso a la Municipalidad”, explicó María José Villegas, coordinadora del espacio. 

En su mayoría, los productos elaborados son administrados por la Secretaría de Salud, Desarrollo y Equidad Social, que aporta la materia prima para la producción y luego la distribuye en merenderos y hogares de día. Pero, también, los vecinos pueden hacer encargos individuales para poder consumirlos. Además, las elaboraciones se ofrecen todos los meses en la feria que se realiza en Plaza Solares y de la que participan las instituciones que trabajan con la discapacidad. Otro de los ámbitos de inserción es el Encuentro Anual de Colectividades, lugar en el que colaboran los integrantes del taller, y por el que reciben una remuneración económica.

Los jóvenes asisten al taller con gran alegría, y aunque en la actualidad no reciban una retribución económica por el trabajo prestado, lo toman como un aprendizaje y una manera de insertarse en la sociedad. “Nos hace muy bien esto. Me gusta trabajar. Lo que más me gusta hacer es cortar los discos de las empanadas”, cuenta Cintia mientras termina de cerrar un paquete de empanadas.
 

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