Miércoles 23 de Octubre/11:05 hs
EDICIÓN IMPRESA

Un haz de luz para la noche más oscura

Tres historias locales sobre la lucha de personas en busca de su identidad de género.

Por Andrés Cottini
Especial para Sumario

“Los derechos no se negocian, se ganan y se pelean”, dirá Claudia Pía Baudracco, activista trans fallecida el 18 de marzo 2012 y quien fuera una de las grandes mentoras de la Ley de Identidad de Género, promulgada en 2013. 

Según los organismos independientes, en Argentina hay cerca de 10.000 personas trans y en la Provincia de Córdoba, dos mil ya tienen su nuevo documento nacional de identidad (DNI). Se calcula que otras dos mil están en ese proceso.

En 2012, se llevó a cabo la primera encuesta sobre identidades disidentes en un populoso distrito del conurbano bonaerense. El estudio reveló que el 84 por ciento de los trans son mujeres y el 16,  hombres. Y arrojó más datos: entre los 13 y 17 años se ubica el momento en que se expresa su identidad; el 90 por ciento se encuentra fuera del mercado formal; sólo el 64 por ciento tiene los estudios primarios terminados y que el 80 por ciento no contaba con cobertura de salud privada. En aquel entonces, la salud pública no estaba garantizada.

En Alta Gracia y el Valle de Paravachasca, lo que hasta no hace mucho permanecía oculto, comienza a hacerse visible. Hoy es posible encontrar a Cris en el Pago fácil de la calle Belgrano, o a Camilo atendiendo un kiosco y el televisor ofrece la imagen de Ger bailando. Sumario, el diario de los viernes habló con tres personas trans. Cada una con su historia particular, su forma de buscar la libertad y, al fin y al cabo, su modo de trazar utopías propias.

Antes de conocer sus historias, es propio comenzar con algunas aclaraciones previas. 

¿De qué hablamos cuándo decimos "trans”?
Cuando se habla de identidades disidentes, es importante establecer diferencias en "sexo" y "género". Sexo se refiere las características fisiológicas con las que nace una persona. Por otro lado, el género es una construcción social que define hábitos y conductas. La Identidad de Género, por lo tanto, consiste en el modo en que una persona se autopercibe. Las “personas Cis”, son aquellas que se perciben con el género que se les fue asignado. El hombre se siente hombre y la mujer, mujer. Las “personas trans”, son aquellas que no se identifican con el género que se les fue asignado al nacer. Pueden estar o no operadas. Las travestis, son personas que se trasvisten pero no necesariamente tienen una identidad trans. Algunos son de un género de día y otro de noche. También están las personas “queers” o “no binarias”, que son aquellas que no se  identifican ni con un género ni con el otro. Un caso fácil de identificar es el de Marilyn Manson. 

La orientacion sexual
Para aquellos que nunca tuvieron o dieron lugar a la duda, muchos de estos conceptos son difíciles de ver. Lo dado es muy fuerte. Pero no sólo influye el “cómo me siento dentro de mi cuerpo”, sino también el “qué me gusta”. Y acá se entra en otra de las variables en lo que respecta a la diversidad. Una mujer o un hombre "Cis”, a quien le guste alguien del género opuesto es heterosexual. Si le gusta el mismo género es lesbiana o gay. Si a una mujer trans le gustan los varones, se considera heterosexual. Si le gustan las mujeres, es lesbiana. A cualquier persona que se sienta atraído tanto por hombres como mujeres, se los considera bisexuales. También están los pansexuales, que son aquellas personas que tienen atracción sexual hacia géneros diversos y, por último, los asexuados que son aquellas personas que no tienen deseo sexual.

Valle de Paravachasca
Sumario, el diario de los viernes habló con tres personas trans para conocer sus historias. Cris Gianprieto, de 50 años nacida en Alta Gracia; Ger Ortega, de 24 años oriunda de Anisacate; y Camilo, hombre trans de 24 años nacido también en la ciudad del Tajamar. Si bien cada caso exhibe su experiencia particular, todos coinciden en algo: Desde niños no aceptaron su condición de hombres o mujeres. Cris, por ejemplo, se vestía de mujer siendo una niña, Ger Ortega, se paraba dentro de la cancha de fútbol con los brazos cruzados y Camilo prefería hacer un fuego en un baldío de barrio Norte a peinar muñecas.

La Cris
“A los 12 años, le digo a mi mamá que me gustaba el chico de enfrente. Para mi era normal. Y ahí me pega y me dice ‘¿Cómo te va a gustar si es varón?’. Ahí me empezaron a llevar al psicólogo, al psiquiatra, todo”. En el proceso que vivió en la casa de sus padres, Cris simuló ser un varón, hizo el servicio militar e intentó durante años ocultar su identidad: “Me cortaba el pelo, me vestía de varón… pero era por un lapso, por la familia y el qué dirán. Después me volvía a dejar el pelo largo. Decía ‘basta, quiero hacer lo que quiero’. Entonces volvían los problemas y tenía que hacer otra vez lo mismo. Eran muy anticuados y yo no los quería hacer sufrir”. 

Como en muchos casos, Cris tuvo muchos problemas en las escuelas. Primero fue a la República Italiana, después a la José María Paz, después a otra. “Yo era muy afeminada, totalmente nena. Y tenía muchos conflictos con los varones. Me pegaban, me escupían, pasaba al frente y se burlaban. Después dejé. Retomé el secundario en el Comercial Nocturno y bueno, me vestía de varón para que no me molestaran tanto. Y lo terminé”. En 2001, Cris fue noticia porque fue la primera trans de Alta Gracia en tener un trabajo con atención al público, que mantuvo durante 12 años. Pero el momento más oscuro lo vivió cuando no conseguía trabajo. “A pesar de tener estudios y todo, no me daban trabajo y tuve que trabajar en la calle”.

La noche no es para nadie
Una de las realidades más duras para las mujeres trans, es la prostitución. Según el observatorio Mumala, cada 24 horas una mujer trans es asesinada y la expectativa de vida es de 35 años. Victoria Romero, presidenta del Centro Trans Córdoba explicó que “La mayoría de la gente cree o piensa que lo único que sabe hacer una mujer trans es dedicarse a la prostitución y a la droga. El 90 por ciento de la población trans femenina se dedica a la prostitución. El 80 quiere dejarla. Nosotras somos violentadas en nuestro seno familiar, nos echan de nuestras casas a los 13 o 14 años por manifestar nuestra identidad. Y no nos queda otra alternativa que ir a pararnos en una esquina donde todas las noches somos candidatas a que nos encuentren degolladas en una zanja”. 

Durante un tiempo, Cris tuvo que ir a la calle México en la madrugada: “Trabajar en la calle es horrible porque te tocan personas agresivas, sucias. Si no trabajaba, por ahí no comía. Me han llegado a poner revólver en la cabeza, me han dejado caminando en la madrugada por Anisacate. Me han pegado, me han robado. Es horrible. Pero a todas las chicas trans nos pasa. Al principio fue como un juego. Después más y más riesgoso. Borrachos, drogados, barras de chicos que nos querían pegar, la policía que nos corría. De todo. Yo creo que si a todas le darían la posibilidad de un buen trabajo, lo dejarían”.

Derecho al trabajo
“Nosotras no queremos cupo. Queremos inclusión. El cupo siempre nos va a dejar afuera. Hemos presentado un proyecto que intenta fomentar el cooperativismo y liberar de impuesto a todas aquellas empresas que ocupen personas trans. No queremos privilegios sino oportunidades”, explica Romero. El año pasado el Centro Trans Córdoba, Putos Peronistas y otras organizaciones, presentaron iniciativas legislativas en el Concejo Deliberante de Córdoba, la Unicameral de la provincia y en el Congreso de la Nación. 

Ger Ortega
No todos los casos de mujeres trans son iguales. Ger integra ese 10 por ciento que no se dedica a la prostitución porque logró otra realidad. Ella, acompañada en todo momento por su familia, transita una realidad que muestra otra cara de esa misma identidad sexual. Ger Ortega es de Anisacate, tiene 24 años, cinco hermanos y sus dos padres, si bien separados, acompañan y aceptan de igual forma su condición. Al igual que muchas personas, siempre se sintió femenina y se vestía de mujer. “Una vez, cuando ella tenía cuatro años, la habíamos llevado a la cancha. Los hermanos le decían ‘corré, anda, hacé esto hace aquello” y ella, con las manos en la cintura decía ‘mamiiiii, deciles que se callen’. No quería saber nada con jugar a la pelota. Ahí nos dimos cuenta”, cuenta la madre de Ger entre risas. “Yo soy muy de la familia y lo que más me costó no fue aceptarme yo como soy sino el hecho de cómo lo iba a ver mi familia”, cuenta ella.

Ger fue a la Escuela Juana Azurduy de Anisacate, no tuvo muchos problemas con sus compañeros. Uno de sus hermanos es gay por lo que entre los dos se fueron acompañando. “Mientras él seguía con su masculinidad, yo continuaba siendo más femenina. Hasta ese entonces no me daba cuenta que estaba en el proceso de ser transgénero. Al principio pensé que era homosexual pero después me dije ‘no, esto no es lo mío’. Empecé el proceso de terapia y ahí me terminé de decidir pero sé que es un proceso muy largo y lo tengo que tomar con calma”. A los 22 años, Ger consiguió un turno en el Hospital Rawson y comenzó su proceso de cambio. Hoy está tomando dos tipos de hormonas que son muy comunes en personas trans jóvenes. Una retrasa la hormona masculina y la otra le va produciendo cambios en el cuerpo: la musculatura se transforma, evita el crecimiento de vello, le agudiza la voz, etc.  Más allá de esto, Ger no tiene ningún tipo de operación y no piensa hacerlo por ahora. Tampoco tiene aún su DNI. Desde los 10 años practica baile y, junto a su hermano, tiene una escuela de danza en Córdoba. En estos momentos está participando del Certamen Solidario de Canal 12 al estilo de Bailando, de Marcelo Tinelli. También trabaja en la cocina de un restaurante de Anisacate. El proceso y la vida de Ger, contrasta con la de la gran mayoría de mujeres trans. Ella está feliz, muy acompañada por su familia, con trabajo y, si bien está soltera, no le preocupa.

Varón Trans 
Camilo nació mujer. Sin embargo, su aspecto es indiscutiblemente masculino. Su barbilla, el tono de voz grave y su forma de caminar, lo hacen pasar completamente desapercibido. Tiene 24 años y hace tres años comenzó la transición. “El cambio comienza cuando conozco las identidades trans masculinas. Yo me crié en una familia muy religiosa y cualquier cosa que sea disidente era mal vista. Me doy cuenta de mi identidad trans a partir de un video que vi en You Tube. Ahí me empecé a cuestionar distintas cosas”. Camilo es de barrio Norte, fue al Instituto Anglo Americano y está terminando la carrera de Ciencia Política en la sede cordobesa de la Universidad Nacional de Villa María (UNVM). Durante el secundario, sufrió muchas agresiones por parte de sus compañeros, lo que lo llevó a “meterme aún más dentro del closet, y por eso tardé un poco más”. Siempre lo cargaron por su aspecto masculino, nunca iba de pollera, usaba zapatillas, etc. “Renegué mucho con mi identidad, intenté pero nunca iba a encajar. Mi decisión se dio muy rápido porque yo me voy de mi casa, por una situación bastante complicada con mi familia, y empecé la transición automáticamente”. Después de seis meses pensando cuál iba a ser su nuevo nombre, se decidió y Camilo ya tiene su DNI.

A partir de ese momento, empezó a tomar contacto con algunas agrupaciones políticas. Él ya venía militando desde los 13 años dentro del peronismo de Alta Gracia y se contactó con un amigo y referente de Putos Peronistas. “Sabía que era un varón trans pero no sabía cómo hacer con el documento, cómo usar las hormonas y todas las cuestiones. Ellos me ayudaron mucho. Cuando estaba sin trabajo, me consiguieron uno, una beca en la universidad, me consiguieron un bolsón cuando estaba en la lona…”. Camilo se identifica como pansexual y se quitó las mamas. Como explica, “al pasar desapercibido nunca me pasó nada en la calle. Ni que me dijeran nada ni que me discriminaran. Lo que nosotros estamos tratando de hacer es de visibilizar que la transmasculinidad existe y que es una posibilidad. Justamente para que no les pase lo que me pasó a mi por ejemplo, que estuve años tratando de descubrirme y no saber qué me pasaba”. 

Desde que Camilo se fue de su casa, perdió el vínculo con sus padres. Vive con su hermana, quien desde el primer momento aceptó y acompaña su proceso. “Entiendo que es muy difícil para ellos, que les va a costar asumir mi situación. Muchos en mi familia lo viven como un duelo, que está bien, pero también hay que aceptar el nuevo nacimiento”.

Trans en Alta Gracia
La semana pasada, Jorgelina Paolucci, militante de la Juventud Radical y de Trans Argentina, presentó una nota al Concejo Deliberante pidiendo que se reconozca al 18 de Marzo -día en que muere Baudracco- como el “Día de la Promoción de los Derechos Trans”. Esta iniciativa nacional busca generar “concientización, reconocimiento y visibilización de los derechos de personas trans”. Por otro lado, desde MuMaLa se diseña un espacio colectivo que integre la identidades disidentes a las luchas feministas.

Los 400
Durante la marcha por el Día de la Memoria, Verdad y Justicia en Alta Gracia, se vieron algunas banderas con el número 30.400. Esos 400 son parte de una reivindicación que había permanecido olvidado. Con respecto a esto, Victoria Romero del Centro Trans de Córdoba aclaró: “Los 400 esos fueron homosexuales, lesbianas y trans que fueron secuestrados durante la última dictadura militar. No nos tienen en cuenta vivas, imagínate muertas y desaparecidas”.

La incontenible realidad
A modo de conclusión, Cris Gianprieto, a sus 50 años, no duda en manifestar: “A todas las familias que viven este proceso, yo les puedo asegurar que si se ponen en contra de esa persona, lo único que van a lograr es que se vayan de esa casa. Va a ser lo que quiere ser pero sin el apoyo de la familia, que es esencial. Un verdadero padre quiere la felicidad de su hijo, más allá de todo. Que los padres apoyen a sus hijos para que los chicos no lleguen a la calle y que no corran esos riesgos. Si yo hubiera seguido en la calle, no estaría convida. Estaría muerta por enfermedad o porque me habrían matado. Me gustaría que podamos tener un trabajo digno, una vivienda. Que seamos todos iguales. Esa sería una sociedad ideal”.

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