EDICIÓN IMPRESA

“Las mujeres tenemos que liberarnos y salir de la violencia”

Roxana se anima a hablar con la declarada intención de animar a otras, para que ninguna se calle.

Por Julia Conalbi

De nuestra redacción

 

Cada día, hay 263 denuncias por violencia de género en algún organismo de la República Argentina. Otra cifra escalofriante es la de un femicidio cada 32 horas. En los dos primeros meses de 2019, fueron 35 las mujeres asesinadas. Sin embargo, la violencia no es un número abstracto, sino una serie de hechos que gran cantidad de víctimas viven a diario y de los que, en muchas ocasiones, no pueden escapar.


Una de las víctimas de la violencia de género decidió hacer pública su historia, convencida de que al relatarla animaría a otras personas que viven lo mismo a denunciar y liberarse de las agresiones.


Roxana Leyva tiene 43 años y hasta hace unas semanas, vivía en barrio Cámara. Durante gran parte de 2018, su vida estuvo marcada por los estudios y tratamiento contra un cáncer de cérvix. En la parte más agresiva del proceso, cuando su salud estuvo muy delicada, decidió instalarse en la casa de su madre, en la ciudad de Córdoba. En noviembre recibió el alta y regresó a su hogar, en donde convivía con su pareja de entonces, Rubén Darío Carreño. Sin embargo, contrario a la tranquilidad que necesitaba para recuperarse de su enfermedad, fue recibida por una situación de violencia de género y malos tratos a manos de su conviviente y su cuñado.


“Cuando yo volví a mi casa, de la que yo pagaba el alquiler y en donde estaban todos mis muebles, resultó que mi pareja había llevado a vivir con él a su hermano Iván, que tiene 57 años y no trabaja” explicó Roxana, decidida a contar su historia a Sumario, el diario de los viernes. “Yo regresé entonces a trabajar, a vender pan casero y ropa. Cuando empecé a sentirme de nuevo útil, a recuperar la fuerza conmigo misma, a andar, a volver a mi vida, él empezó a violentarme, principalmente de manera psicológica. Cada vez que yo me iba a trabajar, cuando volvía él me decía que a las 11:30 debía estar allá sí o sí. Si llegaba más tarde, me decía que yo era puta, una golfa, que yo venía de estar con hombres. Yo me la bancaba.”


De la violencia verbal y psicológica, la situación derivó en agresiones físicas. “Un día, yo llegué tarde porque me descompuse en el camino. Entonces volví como a las 12:30 o 13:00. Le expliqué que me había demorado porque se me bajó la presión por el calor y me caí. Y me dijo <>” recuerda la mujer. “Iván le dijo <>. Rubén me dio dos cachetadas. Le recriminé por qué me golpeaba y me dijo <>. Ahí su hermano le ofrece ir a comprarle un vino y él acepta. <>”.


La violencia continuó, y a pesar de ser ella quien pagaba el alquiler y de tener todas sus pertenencias en la casa, Roxana decidió irse del hogar. Al no tener a dónde ir, necesitó tiempo para organizarse, lo cual llevó a nuevas agresiones. Al conocer la decisión de Roxana de marcharse del hogar, las agresiones por parte de los hermanos Carreño se incrementaron. La noche del 21 de febrero y la mañana del 22, los hechos de violencia fueron mayores e Iván llegó a amenazar de muerte a Roxana.“Yo le pedí un tiempo para irme de ese lugar y me dijo <>. Yo insistí y él me agarró del cuello fuerte y me dijo vos de acá no te vas a ir. Yo le digo que me voy a marchar. Tenía ese día un turno con el oncólogo, así que me fui. Al salir, lo llamé y le dije que iba para allá, que en unos días me iba a ir, que iba a juntar mis cosas, pero que necesitaba unos días para irme. Cuando llegué, él estaba durmiendo y yo me acosté a su lado. Rubén se despertó y me dijo<<¿Con quién estuviste?>>. No me creyó que no estuve con nadie y me quiso revisar y tocar. Yo me negué, diciéndole que no podía hacer eso, que estoy haciendo el tratamiento por el cáncer de cérvix, que no podía tocarme. Y él lo sabía porque es enfermero. En eso sonó mi teléfono y me soltó” recuerda la mujer con lágrimas en los ojos. Luego agrega: “El hermano le decía <> y le traía dos cajas de vino. No me podía ir de noche a cualquier lado. Me quedé esa noche y al otro día me levanté y me fui a bañar. Cuando me estoy por ir a bañar me increpó: <<¿A dónde te vas?>>Le dije que me iba con una amiga y él empezó a gritarme e insultarme. Yo traté de no escucharlo, me fui para el otro lado del monoambiente que dividimos con una cortina. Entonces, su hermano pasó sin pedir permiso y yo estaba en toallón. Le exigí que pida permiso. <> me dijo y fue a buscar un martillo <> me amenazó con golpearme con el martillo. Yo grité para que me escuchen los vecinos, por cualquier cosa. En eso vino mi expareja y le dijo<>. Ahí me fui de la casa” explica Roxana.


Pero la pesadilla no terminaría allí. “Cuando voy a lo de mi amiga, le comento lo que me pasa y ella me acompaña a hacer la denuncia. Le pusieron una restricción y me dieron una orden para ir a sacar mis cosas. Pero cuando fui, habían cambiado la cerradura. A todo esto, con los nervios, olvidé sacar mi historia clínica, que la necesito para hacer mi tratamiento” relata Roxana, quien luego, decidida, anima a otras mujeres que sufran violencia a denunciar y contar sus historias. “Mi fin de venir acá es decirle a las mujeres que no se callen ante estas situaciones. Que se liberen, que no tengan miedo y que se liberen a hablar” sentencia.
 

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