EDICIÓN IMPRESA

Entre el riesgo empresario y el trabajo precario

La máxima fiesta de la ciudad debería derramar en la economía local los beneficios económicos que genera.

Por Stefanía Tomalino

De nuestra redacción

 

Año tras año, el Encuentro Anual de Colectividades le da la posibilidad a un gran número de personas de ganarse unos pesos extras trabajando en alguna carpa de los casi 20 “países” que participan del evento. En su mayoría, los trabajadores son de Alta Gracia, y la demanda para poder ocupar este tipo de puestos de trabajo crece en un contexto económico adverso. “Este año hubo un aumento en las solicitudes que llegó a duplicarse”, aseguró el encargado de una de las carpas que participa todos los años del Encuentro. Sin embargo, a la hora de cortar la torta, es poco lo que queda para la economía local. En la última edición, del total de 17 carpas que se levantaron sobre el predio de Colectividades, solamente seis pertenecían a entidades de Alta Gracia. Si bien es cierto que los grupos locales concentran algunos de los países más convocantes; casi dos tercios de los puestos llevan sus ganancias a otras localidades, principalmente la ciudad de Córdoba.


Al mismo tiempo, Francia e Irak fueron las únicas carpas que no estaban conformadas por colectividades. Las otras quince, si bien estaban formadas por comunidades de distintos países, también contaron con acompañamiento de diferentes empresas privadas. En el puesto de Alemania, por ejemplo, se podía ver la publicidad de un comercio gastronómico de Villa General Belgrano; así como en el de Italia se observaba la de una rotisería local que colaboró con el Círculo Italiano.

A la hora de pagar
En general hay un acuerdo tácito entre los dueños de cada carpa, y la remuneración de los trabajadores suele ser la misma independientemente de qué país se trate. Según lo que pudo conocer Sumario, el diario de los viernes, consultando a distintos trabajadores, en la última edición el monto asignado para cada trabajador  - en su mayoría de Alta Gracia - por noche, rondó entre los 500 y 600 pesos. “Al principio nos dijeron que si a la carpa le iba bien, ese monto iba a subir, pero en general eso nunca pasa. Por más que se llene de gente y se venda toda la comida, a nosotros nos siguen pagando los mismo”, explicó uno de los trabajadores que prefirió resguardar su nombre. 


“Los dueños de las carpas son quienes deciden el monto que se le paga a cada trabajador, la Comisión no tiene injerencia en eso. El monto varía, porque también pasa que hay trabajadores voluntarios que no reciben remuneración”, explicó el Presidente de la actual Comisión Organizadora Daniel González.


El abogado Andrés Tissera– especialista en Derecho Laboral y Adscripto a la Cátedra de Derecho Laboral de la Universidad Católica de Córdoba –fue contundente al ser consultado por el tema: “No puede haber trabajadores de primera y de segunda categoría en el país. Tanto la Constitución como los tratados internacionales protegen a los trabajadores en todo lo relativo a su dignidad y condiciones laborales. En este caso, lo que correspondería es que el Ministerio de Trabajo de la Provincia realice los controles necesarios. Pero además, la Municipalidad y la Comisión de Colectividades, no pueden tampoco obviar este tema, porque ellos son beneficiarios indirectos de la tarea de estos trabajadores y tienen poder de decisión, además de ser corresponsables de todo lo que pasa dentro del predio”.


Tissera explicó que, desde el derecho laboral, existen figuras que pueden aplicarse en estos casos y que son acordes al breve período trabajado: “pueden ser el contrato de trabajo a plazo fijo y eventualmente el contrato de temporada para aquellos trabajadores que repiten todos los años las mismas tareas. La remuneración de cada trabajador, debería ser proporcional a lo que marca la escala salarial del convenio de trabajo respectivo, que en este caso, por lo general, es el de gastronómicos. Dentro de cada convenio figura el valor hora, y debería tomarse ese valor para realizar el contrato de trabajo”.


El letrado agregó que, en el caso de ponerse en práctica estas modalidades, las ganancias de los carperos se verían reducidas de forma sustancial, debido al costo que implica tener a los trabajadores “en blanco”. 


Habría que agregar, además, que los responsables de las carpas enfrentan la dificultad de prever ingresos durante sólo ocho noches, en las que el factor climático determina violentamente el éxito o el fracaso. De todos modos, el hecho no debería justificar la explotación de los trabajadores.


De allí la necesidad de debatir un esquema que bien podría aplicarse en la próxima edición, mediante el cual se establezca categorías diferenciadas de responsables de carpas: las explotadas por entidades u organizaciones sin fines de lucro, por un lado, y las que queden a cargo de empresas, por el otro. En el último caso, la aplicación de la normativa constituiría parte del riesgo empresario.


La solución podría llegar echando un poco de mano a la imaginación. En el ámbito empresarial, existen programas que fijan una participación porcentual para los trabajadores en las ganancias, o los modelos cooperativos, en donde cada asociado recibe un retorno de acuerdo a los ingresos de la entidad. Este tipo de figuras, adaptadas a las características del Encuentro de Colectividades, ofrecería una solución más equitativa que favorezca la economía regional. Mientras, las ganancias se reparten entre pocos, y en la mayoría de los casos, traspasan los límites de Alta Gracia.
 

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