EDICIÓN IMPRESA

Santísima Virgen Nuestra Señora de Lourdes

Por Hermana Alicia - Comunidad Hermanas de la Misericordia.

Dios expresó por AMOR DONATIVO, el estar viviente en la Creación, con la respuesta que cada uno, de ser lo que debe ser. Con afectiva generosidad… así, la Naturaleza Humana, interlocutor válido de la Naturaleza Divina.

Su profundo e infinito silencio, la esplendidez y claridad de su luminosidad, asumió nuestra humanidad en el ser de María-Origen, respuesta a la claridad de la inmaculada, radiante, esplendente, plena serenidad, atenta a tan divina expresión. 

He ahí la Madre de Dios, soledad contemplativa, silencio admirativo, serenidad impecable ante la fecundidad de la maternidad del Dios, que en la Santísima Virgen, toda hermosa, claridad infinita, afirma en Lourdes “Yo soy la Inmaculada Concepción” y en Lourdes, ciudad de Francia, en la magnitud de su Amor a Dios y a la Humanidad, clama ardorosa de Amor: “¿Qué necesitan de Dios? ¡Yo soy la Inmaculada Concepción!”

¡¡Nuestro Padre clama por nosotros!! Sí, Soy Yo… la Madre de Dios y Bernardita. 

Para dar vida nueva, enseñar a Amar de Verdad, a lo divino, a lo grande. Para sus hermanos, para sanar el alma y el cuerpo, para dar sentido al dolor de compasión. Para dar vida nueva de verdad, amar a lo divino, a lo grande.

Porque soy la Madre de Jesús, de Dios, y tuya, y mía, y del que no me ama.

“Bernardita ni temas, ten confianza”
Nuestra respuesta no se dejará esperar.

Hoy, aquí y ahora, canto tus glorias y alabanzas
Madre de Dios y Madre Mía… GRACIAS
 

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