EDICIÓN IMPRESA

"Nunca Más tiene que ser Nunca Más"

Luego de dos años de no visitar Córdoba, la hija del Che que más se le parece –es médica y defensora de la revolución cubana- volvió a pasar por la cuna de su padre.

Por Consuelo Cabral
Especial para Sumario 
 
La semana pasada "Aliusha”, como le decía el Che, regresó a Córdoba para participar del Primer Encuentro Internacional "Un Mundo Mejor es Posible” e inaugurar un laboratorio de análisis en la Clínica Oftalmológica Ernesto Che Guevara, que funciona en barrio San Martín, en la ciudad de Córdoba, y donde,  a través del programa cubano "Operación Milagro”,  se opera gratis de cataratas y pterignon. 

Pero antes, como cada vez que Aleida (foto) visita Córdoba,  dedicó el primer día de su estadía a visitar la tierra donde su padre fue Ernestito primero y Ernesto después. Médica y comprometida con las luchas sociales, al igual que el Che, habló con Sumario sobre su infancia, los días del Che en Alta Gracia, el amor entre sus padres, el aborto legal y Santiago Maldonado.

Aleida es una de los cuatro hijos que Ernesto "Che” Guevara tuvo con Aleida March, una guerrillera cubana a la que conoció combatiendo en Sierra Maestra y con la que se casó después de divorciarse de Hilda Gadea. Ella tenía 6 años cuando el Che fue asesinado en Bolivia. Sin embargo, y como dirá ella misma a lo largo de la charla, "hay cosas de la genética que no se pueden evitar”. Tal vez eso explique que habiendo compartido tan poco tiempo físico juntos, sean tan parecidos.

Los rasgos comunes con el Che saltan a la vista. La mirada achinada, la ternura de la risa mezclada con la lucidez de las batallas. La hija que más se le parece al Che, se ríe cuando se acuerda que la primera vez que visitó Argentina fue porque Susana Giménez, la conductora del programa de televisión más visto del país en los 90’, la invitó a su famoso living. 

"Ella quería una nota superflua en la que le hablara de la historia de amor de mis padres, pero yo le dije que eso era hablar de la revolución cubana, porque allí se conocieron. Además le dije que mi mamá me había prohibido hablar de ello. Luego me reí y le conté detalles. Pero lo mejor de aquella visita fue que el dinero que me dio la producción para hospedarme en un hotel lo usé para visitar por primera vez Córdoba. Y como me alojaron en la Embajada cubana, con ese dinero compré un boleto y vine aquí, donde conocí a Chichina Ferreyra, que fue la primera novia de papi, cuando ella tenía 17 y él apenas 19. La llamé y nos pusimos de acuerdo por teléfono. Ella me dijo que iba a tener una flor en el ojal de la blusa y yo le dije cómo venía vestida. Y fue lindísimo ese encuentro porque Chichina conoció a mi papá siendo muy jovencita y lo amó. Ella me mostró cartas de él que todavía guardaba y una foto donde mi papá sale envuelto en una sábana como si fuera Mahatma Gandhi”, cuenta Aleida.

Su risa fuerte interrumpe otra vez el relato. La divierte su padre, ya sea Ernestito, Ernesto o el Che. Es como si paralelamente a sus palabras mantuviera un diálogo invisible con él, con su ausencia y su presencia, yendo y viniendo de ese lugar donde conviven desde hace medio siglo. 
Con ese mismo dinero de la producción de Susana Giménez, Aleida recuerda que también compró el pasaje que la trajo por primera vez a Alta Gracia. "Es gracioso por lo contradictorio, que justamente esta conductora que es símbolo del capitalismo sea la que de alguna manera me haya facilitado el llegar a la ciudad donde mi papá vivió parte de su niñez y su adolescencia. Fue tan bonita aquella y todas las veces que regreso. La gente es tan amable aquí conmigo. Una mujer, en una de esas primeras veces, me reconoció. Yo iba de la mano con Chichina, media escondida, y no hablaba porque mi tonada cubana ya sabes tú que es bien reveladora. Pero una señora muy amable, al preguntarle Chichina, donde quedaban las casas donde había vivido mi padre –porque aún no estaba Villa Nidya- me dice  ‘pero si tenés la cara misma de Ernestito’. Resulta que era una ex maestra. Fue muy emotivo ese momento. Cada visita aquí es reconstruir la memoria y la identidad de mi papá”. 

Cada viaje a la Argentina dice que la lleva a descubrir nuevas cosas: "Son interesantes las cosas que voy descubriendo. Por ejemplo, la gente muchas veces piensa que mi papá venía de una familia acomodada, con dinero. Inicialmente mi abuela tenía dinero pero parece que mi abuelo con los negocios que empezaba a hacer y nunca terminaba, acabó con ese dinero. Estando en Córdoba fui a la escuela Deán Funes y me dieron su libreta con las notas. Y mira tú, si yo hubiera sabido de esas notas cuando era chiquita no me hubiera esforzado tanto porque notas más o menos. Y el problema era que papi no podía casi ir a la escuela porque estaba siempre con asma. Hay una nota de mi abuela donde le pide al director que le permita no pagar, porque tiene tres hijos más. Además el niño casi no iba a la escuela, era pagar algo que prácticamente no estaba utilizando. Eso fue en 2016, la última vez que vine”.

Durante los últimos meses en Argentina se debatió la ley por el aborto legal, que finalmente fue rechazada por el Senado. Como mujer y médica, ¿cuál es tu opinión respecto a la interrupción voluntaria del embarazo? 

Creo que es necesario, hija. El derecho de una mujer a hacerse un legrado es algo que nadie puede quitarle. Eres tú la que vas a tener dentro de tu cuerpo una vida. Y si esa vida no es realmente bienvenida es hacerle daño a un futuro ser humano que no pidió venir. Muchas veces vemos embarazos que resultan de violaciones y de la desinformación total que existe respecto a la salud sexual y reproductiva. El legrado es tremendamente peligroso porque es una operación a ciegas. El médico palpa con sus manos y se le puede ir la cuchareta. Siempre es un riesgo, por eso lo más importante es la educación sexual. Ahora, una vez que ya está el embarazo caminando, la mujer debe poder decidir si desea o no ser madre. En Cuba el aborto es legal y gratuito hasta las 12 semanas. Después de ese periodo se analizan otras variables, pero siempre protegiendo la vida de la mujer.

En una de tus visitas a la Argentina visitaste comunidades mapuches con Operación Milagro. El año pasado, tras una represión de Gendarmería, Santiago Maldonado desapareció y apareció muerto 78 días después. Cuando lo velaban, fue asesinado Rafael Nahuel por Prefectura. ¿Qué análisis hacés de esta realidad? 

No me hables de eso. Es vergonzoso que estas cosas puedan ocurrir nuevamente en este país. Yo sé que no soy argentina y que no vivo aquí, pero soy mujer, médica, e hija de un hombre que sintió las injusticias y luchó contra ellas. Si dijimos Nunca Más, es Nunca Más. No se puede volver a los años de terror, de tortura y desapariciones. Cuando tú hablas con las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y te cuentan las historias de sus hijos e hijas, cuando hablas con mujeres que soportaron eso, no puedes aceptar que vuelva a ocurrir. No puede ser. 

Aleida llora. Tiene la voz ronca, gastada de pelear y hablar contra lo que le duele y lo que la emociona. 

"El Nunca Más tiene que ser Nunca Más. Y de alguna manera hay que usar este ejemplo de Maldonado para que la gente se dé cuenta que si nos descuidamos puede pasar. Porque ya pasó con él. Yo no sé lo que ustedes van a hacer. No les puedo decir tampoco. Pero yo prefiero 10 veces morir que permitir volver atrás. No pueden permitir que otros hombres y mujeres desaparezcan, se pierda toda una generación de argentinos, por indolencia de la gente, por miedo de la gente. Mi papá dijo una vez: ‘Es necesaria la paz, pero primero la paz con dignidad, y segundo, muchas veces para conquistar esa paz es necesario las armas’. Eso lo tienen que decidir ustedes, solamente ustedes”.

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