Domingo 23 de Septiembre/13:55 hs
Sociedad

Un rompecabezas al que le faltan piezas

Batallón de Artillería 141. Sostienen que hay evidencias de que allí funcionó un centro clandestino durante la última dictadura.

Por Julia Conalbi
De nuestra redacción 
 
"La memoria es algo extraño, nunca sabe uno qué se queda y qué se va de todo lo que ha tenido que vivir”. La frase le pertenece a Pepe, personaje de la novela Los manchados, de la escritora cordobesa María Teresa Andruetto. La obra es la continuación de Lengua Madre, en donde la misma autora cuenta la historia de cómo, a través de cartas, Julieta reconstruye la vida de Julia, su madre, en la clandestinidad durante la última dictadura cívico militar que azotó a la Argentina. Los manchados narra la historia de Nicolás, el padre de Julieta, y lo que sucedió con él en la década de 1970.

Como una especie de detective de novela policial, Julieta atraviesa las dos novelas de Andruetto tirando de puntas de diferentes ovillos para reconstruir una historia. Las cartas de su madre muerta son el elemento con el que reconstruye la historia de Julia mientras ella se criaba con sus abuelos. Al mismo tiempo, la protagonista va armando su propia historia. Conoce su nacimiento y los motivos por los cuáles jamás vivió con su mamá. A diferencia de Julia, Nicolás no le ha dejado el legado de las cartas. A la joven, no le ha quedado nada de la vida de su padre más que una serie de relatos de habitantes de Tama, un pueblo de apenas 1000 habitantes en el norte del país. Julieta viaja a conocer los orígenes de su padre y a través de relatos, reconstruye la historia de su padre y la suya propia.

 "Ya se sabe: quien mira una casa, ve un mundo, el mundo en el que esa casa ha sido plantada. La confluencia entre una casa y el mundo, entre lo íntimo y lo público, permite ver –como en la escena/umbral que crearon los griegos- de qué modo las decisiones, acciones y omisiones políticas, económicas, sociales, intervienen en nuestras vidas y las determinan. Comprender cómo el liberalismo, la globalización, la dictadura o la guerra van a doler en insospechados rincones de nuestros mundos personales, en nuestra sexualidad, en nuestra condición de padres, o de hijos, o de… Escribimos en un intento de comprender también eso, o tal vez en el deseo de ser comprendidos” postula Andruetto en su ensayo "Literatura y memoria”. Fuera de la ficción, son muchos los que han tirado de diferentes puntas de ovillos para llegar a rearmar la historia de la peor dictadura que haya vivido Argentina. Al igual que Julieta, reconstruyen sucesos que a veces parecen ser de otros, ajenos a cada uno, pero que es historia colectiva y parte de la identidad de un pueblo.

"Como sociedad, tenemos una deuda” sostuvo en más de una oportunidad el periodista Adrián Camerano, entrevistado por Sumario, el diario de los viernes. En una investigación de varios meses, obtuvo una serie de elementos para afirmar que en el predio que conforma el ex Batallón de Artillería 141 en la localidad de José de la Quintana funcionó un Centro Clandestino de Detención durante la última dictadura. A lo largo de su tarea, Camerano recorre una ciudad y va pescando del olvido y el silencio las voces de diferentes testigos que saben sobre el lugar. Daniel Falabella, Mario Paredes, Margarita Zeniquel, Guillermo Caminos, José "Pepe” Tissera, Ramón Gamero, y Tiquita Rossi son los personajes de la reconstrucción de la historia que el periodista realizó para rearmar los hechos y rescatar la memoria. Para Camerano, la sociedad argentina tiene una deuda respecto al Batallón 141. Por un lado, reconstruir los sucesos, conocer lo ocurrido en ese lugar. Por otro, resarcir a las víctimas del Terrorismo de Estado que por haber estado en un centro clandestino no identificado ni catalogado no reciben el resarcimiento correspondiente como víctimas de la última dictadura.

Escondido y olvidado
900 hectáreas conforman ex Batallón de Artillería 141 de José de la Quintana que se encuentra en una zona estratégica. Solo distan 55 kilómetros entre el lugar y la ciudad de Córdoba, tiene fácil salida hacia la ruta provincial 5 y la nacional 36 y las instalaciones no son visibles desde la ruta. Escondido, fuera de la vista de quienes habitualmente pasan por la zona, pareciera haber quedado en el olvido. Los únicos que en ningún momento se olvidaron del sitio fueron los rumores. Algunos lugareños señalan que el lugar está habitado por fantasmas, otros indicaron que allí se realizaban entrenamientos de piqueteros. Lógicamente, la presencia de fantasmas nunca pudo ser comprobada y los piqueteros que entrenaban resultaron ser participantes de un torneo de balas de pintura.

Más allá del terreno de los rumores y sospechas, los Juicios por la Verdad Histórica, de-sarrollados entre fines de la década de 1990 y la primera década del siglo XXI, aportaron datos que llevaron a comprobar que en el ex Batallón de Artillería 141 hubo actividad represiva. En febrero de 2000, declaraciones de testigos que indicaron que allí hubo enterramientos y fusilamientos, puso a la justicia federal con un ojo sobre el sitio. Los datos aportados en ese proceso permitieron establecer que el batallón funcionaba como un Lugar de Traslado de Detenidos durante la última dictadura militar. Los testimonios recabados en esos juicios indicaron que los secuestrados eran hacinados en la enfermería del regimiento hasta ser trasladados a La Perla o Campo de la Ribera. En ese momento, la fiscal Graciela López de Filoñuk solicitó que se realicen sondeos en el lugar.

Mucho se avanzó en cuanto a derechos humanos entre fin de siglo pasado y la actualidad. Se derogaron las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, se realizaron nuevos juicios que condenaron a prisión a responsables de los crímenes cometidos durante la dictadura -Luciano Benjamín Menéndez, responsable del Tercer Cuerpo del Ejército (y por ende del Batallón 141), entre ellos- y se crearon los Sitios de la Memoria y la Promoción de los Derechos Humanos en ex Centros Clandestinos de Detención. Es el caso, en Córdoba, de La Perla, el Archivo Provincial de la Memoria y Campo de la Ribera, entre otros espacios. No sucedió lo mismo con el predio de José de la Quintana. El lugar fue utilizado para diferentes actividades y existieron numerosos proyectos sobre el espacio. Actualmente, hay un solo guardia custodiando todo el predio y algunas personas ingresan, de manera ilegal, por zonas posteriores o descuidadas.

Armar el rompecabezas
Las pistas, evidencias y testimonios sobre lo que efectivamente ocurrió en el Batallón de Artillería 141 de José de la Quintana parecen piezas de un rompecabezas enorme, desordenado e incompleto. "¿Por qué no hay información sobre ese lugar?” esa pregunta despertó en Camerano el interés por recoger las piezas del rompecabezas y reunirlas, para tratar de armar el cuadro.
"Vivo en Alta Gracia desde 2010 y siempre me llamó la atención que no había demasiada información sobre el tema. Tanto a nivel periodístico como a nivel social. Me sigue sorprendiendo que al día de hoy no figure en ningún registro de Centros Clandestinos de Detención cuando está probado judicialmente que hubo actividad represiva dentro” explicó el periodista. Semanas atrás, el abogado penalista especializado en derechos humanos Claudio Orosz señaló que el sitio fue un centro de detención y que, como tal, debería estar señalizado y preservado.

Sorprendido por el hecho de que un lugar tan grande permaneciera invisibilizado, Camerano consultó con "una veintena de periodistas; ex detenidos-desaparecidos; militantes de Derechos Humanos; activistas sociales de José de La Quintana; tres historiadores de la zona; funcionarios de Anisacate; la jefa comunal más cercana; la radio del lugar; el Registro Unificado de Víctimas del Terrorismo de Estado; la Red Federal de Sitios de Memoria; y la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación” según indica en su blog Sur Profundo, periodismo de autor. "Se trata de gente que no solamente no tiene motivos para ocultarlo, sino que, al contrario, se supone que quiere echar luz sobre lo que sucedió en ese lugar. Y la respuesta siempre fue < >” explicó Camerano a Sumario, el diario de los viernes. Ese resultado en sus primeras inquisiciones le dio dos pautas al periodista: la primera, reconstruir lo sucedido en José de la Quintana sería una tarea difícil. La segunda, sería sumamente interesante poder aportar algo sobre el sitio.

Mario Paredes, excolimba, relató cómo fue secuestrado, trasladado a La Quintana y pasó la noche entera hasta ser llevado al D2. Margarita Zeniquel fue arrancada de su hogar junto a su bebé de tan solo 40 días y su hermano y se encontró en el Batallón 141 con el abogado José Tissera. Tres semanas después, fue trasladada al Buen Pastor y posteriormente recibió prisión domiciliaria. Guillermo Caminos fue uno de los excolimbas que en el 2000 aportó testimonios de fusilamientos en el predio. "Pepe” Tissera permaneció cuatro días en marzo de 1976 en el centro hasta que el juez federal Carlos Cecchi, el abogado penalista Oscar Roger y el director del diario La Voz del Interior Jorge Remonda le consiguieron "un pedido especial del comandante” [Luciano Benjamín Menéndez] que le concedió la libertad. Ramón Gamero pasó dieciséis días en el centro en agosto de 1976. Paredes, Zeniquel, Caminos, Tissera y Gamero son las piezas del rompecabezas reunido por Camerano en aras de reconstruir lo sucedido en el lugar.

La capa de invisibilidad
Un manto de invisibilidad parece cubrir esas 900 hectáreas que conforman el ex Batallón de Artillería 141. La información sobre el lugar y lo sucedido es poca. "Si googleás Batallón 141, vas a ver que hay poco y nada” asegura Camerano. No solo eso, sino que además se confunde con otro sitio, el Destacamento de Inteligencia 141 "General Iribarren” / Batallón de Comunicaciones 141, ubicado en la avenida Richeri de la ciudad de Córdoba.

"¿Qué hipótesis tenés, por qué creés que ese sitio está invisibilizado?” le preguntó una periodista de Sumario a Camerano. "Por un lado, porque no está probada la existencia de ejecuciones en el lugar, ni tampoco de enterramientos clandestinos, aunque hay una posibilidad concreta y cierta de que podría haber ocurrido. Hay denuncias que indican eso. Por otro lado, hubo otras prioridades… se priorizaron otros sitios: La Perla, La Ribera... Está en una zona de difícil acceso” respondió al interrogante, pero agregó algo más: "Está unido en una relación de cierta complicidad y simpatía con los vecinos del lugar, tanto Villa San Isidro como José de la Quintana. Aunque ahora hay vecinos que están tratando de aportar algo para visibilizarlo. Pero siempre hubo una relación muy fuerte entre el cuartel y la población del lugar, porque los militares desarrollaban una suerte de acción social en la zona. Esa corriente de simpatía, de algún modo, se mantiene hasta hoy. También hay gente que seguramente ha tenido miedo de hablar. De todos modos, para mí, no hay excusa para no nombrarlo como lo que es” sentenció.

En 1984, una pala mecánica trabajó en el lugar realizando movimientos de tierra. Más de veinte años más tarde, se realizaron algunas excavaciones en el sitio en el marco de la denominada "Causa enterramientos”, para tratar de saber si allí yacen los restos de secuestrados desaparecidos. La falta de información precisa sobre en qué parte del predio podrían estar los cuerpos en el caso de que haya habido enterramientos complica la tarea de las excavaciones. Lo que sí hay con certeza son testigos que aseguran haber visto entrar camiones cargados de cadáveres y otros que afirman haber oído ametralladoras en mitad de la noche.

La deuda
Para Camerano, la principal deuda es con las personas que estuvieron secuestradas en ese lugar y no son reconocidas como víctimas del Terrorismo de Estado. "Quien estuvo preso ilegalmente ahí, ¿por qué tiene < > que alguien que estuvo en otro lado?” se pregunta y luego agrega: "Ramón Gamero, vecino de Alta Gracia, estuvo preso solamente ahí. ¿Por qué él no es reconocido como víctima del Terrorismo de Estado y sí otra persona que estuvo en cualquier otro Centro Clandestino de Detención del país? Me parece sumamente injusto. Hay una deuda pendiente con ese sitio y con la sociedad”.

Para saldar esa deuda, Camerano le apunta a la Justicia, a los estados nacional, provincial y municipal y a las personas que tengan información sobre el sitio y no hayan declarado.
"Todavía hay gente que sabe y que no ha hablado. Estaría bueno que este tema se visibilice para que aquellos que pueden aportar algo y no lo han hecho declaren. Incluso existe la figura de aportar datos a la Justicia con resguardo de identidad” señala Camerano, decidido a reunir las piezas faltantes del rompecabezas.
 
Fotografías de Isidro Zar
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