Miércoles 19 de Septiembre/22:05 hs
EDICIÓN IMPRESA

Del naranjita de De la Rúa al naranjita de Macri

Los ajustes que empujan a tomar la difícil decisión de trabajar en la calle.

Por Melisa Antunez
De nuestra redacción 
 
Una mañana de hace 18 años, un hombre sacó fuerzas y se paró en una calle del centro. Así, comenzó a cuidar coches y ayudar a los automovilistas con el estacionamiento, hasta convertirse en parte del paisaje cotidiano, una suerte de testimonio de los efectos de las políticas de aquellos días, que llevaron a la caída del gobierno de Fernando de la Rúa.

Dieciséis años después, otro hombre tomó la misma decisión, a medida que al compás del crecimiento de la ciudad ampliaba la zona donde estacionar resultaba más difícil. No fue casual: el incremento del parque automotor en Argentina fue exponencial durante la última década. Nuevamente, las políticas económicas llevan a pensar que tampoco fue casual el momento en que este hombre se lanzó a forjar su destino.

Dos casos, entre muchísimos más.

Dos historias en un mar de historias.

Con la convicción de que a la frialdad de los índices de desempleo hay que anteponerles el rostro de las personas que contienen, Sumario, el diario de los viernes eligió a Víctor y Carlos. Tampoco fue casual: ambos se pararon, en uno y otro momento, en las narices del periódico, dispuestos a enfrentar el empujón a la calle. 

"Cuando uno se acostumbra…es difícil salir de la calle”
Víctor Mercado tiene 59 años y hace 18 que trabaja cuidando los autos y motos que estacionan sobre Belisario Roldán, entre las calles Brasil y Dino Carignani. 

"Antes de venir  a Alta Gracia, trabajaba en una playa de estacionamiento en Córdoba. Estuve cuatro años ahí. La cosa estaba jodida. En el año 2000 me quedé sin trabajo y terminé en Alta Gracia, ya que algo conocía, y no podía quedarme sin trabajo”, relató Víctor a Sumario, el diario de los viernes. "En ese entonces, cuando llego, alquilo una pensión. Recuerdo me salía cuatro pesos la noche, que gracias a unos ahorros que tenía pude vivir hasta que arranqué en la calle”. Víctor aclaró que "a la ciudad llegué con una mano atrás y una adelante. Anduve por radios ofreciendo cualquier servicio, sea de albañil, panadero, mozo o lo que fuera, pero nada”.
Víctor, nacido y criado en un campo de Cruz del Eje, es el menor de tres hijos, y contó que siempre fue la oveja negra de su familia, y que constantemente sintió desprecio por parte de su madre. "No sé si ella aún vive, lo que sí sé es que mi padre murió cuando yo tenía 7 años, y a los 21 me fui de casa porque con mi novia decidimos juntarnos, y cuando le dije a mi mamá, ella me dijo que si me juntaba con esa mujer no tenía más madre. Así fue como me corrió de casa y me dijo ‘olvídate de que tenés madre y casa’ y de ahí no la vi más”, relató con el rostro afligido.
El muchacho extrañó mucho a su padre. "Lamento muchísimo la pérdida de mi papá, sufrí mucho cuando murió. No sé de qué murió. Mi mamá me decía que estaba enfermo de la vista, según ella. Pero no puede haberse muerto por eso, y así mismo nunca me quiso decir nada. Él tenía 47 años, y nunca me voy a olvidar que me colgué del cajón en su velorio y no lo quería soltar. Mi papá era un pan de Dios. Siento en el alma haberlo perdido”, rememoró con una mirada triste. Víctor, cuenta con un solo hermano, ya que su hermana  falleció hace unos años. Sin embargo, con él ya no se habla. No sabe de tíos, de hijos ni de nietos. "Estoy prácticamente sólo”, expresó. A su vez, relató que sus hijos no saben que vive y trabaja en Alta Gracia. "Sólo iba a visitar a amigos a Cruz del Eje algún fin de semana, pero no iba a ver a ningún familiar, porque la cosa no había quedado bien después de la separación, y además tuve que escaparme de los celos de esa mujer”. Con ella convivió ocho años y tuvo cuatro hijos, hoy  todos mayores de edad y algunos, según pudo enterarse, formaron familia. Víctor se enteró que tiene nietos pero no sabe cuántos, ni los conoce.

Víctor terminó la primaria e hizo hasta segundo año del secundario. Contó que tenía que salir a trabajar y le era imposible continuar estudiando. "He andado trabajando por Rosario, Villa María, y también en Cruz del Eje, mayormente de mozo. Alrededor de 9 años trabajé de camarero de bar en bar. Y hoy estoy acá, hace 18 años ya que habito esta cuadra y la cuido. Es la única entrada que tengo, no recibo ninguna otra ayuda. Con esto puedo comer, vestirme y pagar el alquiler que es algo que me corta un poco ya que está bastante caro.

Víctor alquila una pieza hace seis años, a una cuadra de su trabajo sobre la misma calle, comparte cocina y baño. Manifestó que ha tenido otras posibilidades, "pero acá ganaba más y nadie me trata mal ya que estoy solo y puedo tener comodidad en mis horarios. Aunque hay días que no gano casi nada, hay otros que gano bien y salvo la jornada, indicó mientras un señor le solicita ayuda para estacionar. Respecto a sus clientes, como él los llama, manifestó que "me llevo muy bien con la gente; a veces uno se levanta con el pie izquierdo, pero yo trato de que eso no me arruine el día”.

Víctor tiene un proyecto a futuro: "comprar un terrenito y poder construirme una pieza y baño para dejar de alquilar, o acceder a una prefabricada de la mano de un amigo que me ayuda y a veces, me presta su tarjeta”.

Para Víctor, la decisión de la calle "está en uno. Pero lo que sí… si no hay trabajo uno se queda con lo poco que tiene. Yo sé que si hablo con algún comercio al que le llevo siempre cambio, si les pido trabajo, capaz me dan. Pero el estar tantos años acá en la calle, ya me he acomodado y por lo menos salvo los gastos. Ahora el tema está en que la gente tiene poca plata y también la cosa empieza a bajar”. 

Pero por el momento "pienso que voy a quedarme trabajando acá hasta que me dé el cuerpo, porque cuando uno se acostumbra a un lugar es difícil salir, incluso del trabajo en la calle”.

"Nunca voy a olvidar mi primer día”
Carlos Olmedo, más conocido como "Carlitos”, tiene 41 años y hace más de un año que cuida autos sobre la calle Brasil, entre Prudencio Bustos y Paraguay. Carlitos, como le gusta que lo llamen, comenzó a trabajar como naranjita en octubre de 2016.

"Trabajando de albañil, no ganaba mucho. El trabajo había empezado a mermar, ya no había tanta demanda y eso había empezado a preocuparme porque yo tengo nueve hijos que alimentar. La plata ya no nos alcanzaba, tenía que buscar algo sí o sí. Lo poco que me pagaban me duraba una semana y me quedaba seco y con los chicos no podía. Ya casi no tenía trabajo y con lo que le daban a mi señora de las asignaciones, no vivíamos todos. Y así fue que un día,  me crucé a Nahuel, un chico que cuidaba autos sobre la Alfonsín, y que ya no está porque se fue a Córdoba, y me dijo ‘te voy a dar una cuadra Carlitos, así tenés algo que te de unos pesos, por lo menos’. A lo que  le dije que sí, pensando en que debía buscar una salida laboral tras la poca demanda en la construcción que ya veía venir”, contó a Sumario, el diario de los viernes.

Carlitos, quedó pensativo un rato y dijo: "Nunca voy a olvidar mi primer día de trabajo, cuando arranqué a cuidar autos. Le dije a mi mujer que no se me iban a caer los pantalones por trabajar de lo que sea, y así fue que arranqué un lunes, no recuerdo la fecha pero si sé que fue en octubre. Ese día llegué, y Nahuel me prestó un chaleco para que me identificaran y trabajé durante toda la mañana y tarde y me volví a casa con 100 pesos, y a veces no llegaba ni a 100 pesos, recordó afligido.  Pero yo seguía y seguía, y gracias a Dios me iba un poco mejor, el día iba mejorando. Ya no sólo compraba el pan y la verdura, sino todas las cosas del colegio de los chicos. Me costó mucho, hasta que la gente me conociera y yo conociera cómo era el movimiento, me costaba.  Los primeros días, no me daban casi nada. Pero, como creyente que soy y le agradezco a Dios por lo que me da, yo me levantaba para ir a trabajar y sabía que los días iban a mejorar”.  
Carlitos tiene nueve hijos y está casado desde hace 15 años con una mujer que lo apoya en todo. Para él, la familia es un pilar fundamental. Y por eso, quiere darles a sus hijos una vida diferente, que no sea la de estar en la calle. Carlos, recuerda acongojado, "crecí en la calle desde pequeño. A los 12 años, tuve que empezar a trabajar, cargando materiales de todo tipo a un camión, como  arena, escombros y ladrillos. Y así junté mis primeros pesos”.
Hasta los cinco años, Carlitos fue criado por su abuela y tías maternas, "porque mi mamá trabajaba cama adentro de lunes a lunes, entonces a mi abuela, de chiquito ya le decía mamá, y junto a mis tías me enseñaron siempre a ser respetuoso, tener dignidad y ser honesto. A eso lo agradezco mucho. Después de los cinco, mi mamá biológica se juntó y ya pude estar mucho más tiempo con ella, ya que trabajaba menos”.

Carlos es el mayor de nueve hijos, y recuerda con tristeza que dos de sus hermanos fallecieron, y que no conoce a su papá. "Mi mamá me dijo que está muerto, pero no sé nada de él”.
También contó que terminó la primaria, pero recién lo pudo hacer de adulto en un colegio nocturno. Si bien su intención era poder cursar la secundaria, el ponerse de novio, casarse y tener una familia no le dio el tiempo necesario para hacerlo. "Tengo que mantener a mi familia primero”, dijo.  "Soy cristiano y creo en Dios, en que no me deja solo y me ayuda día tras día. Asisto a una iglesia en donde me enseñan a ser correcto, sincero y respetuoso, y además  todo lo que hago, lo tomo muy en serio. A mi trabajo lo tomo en serio”.

Sin embargo, Carlitos rememoró que hace unos años, pasó por situaciones de las que le costó salir. "No podía ver a mis hijos sufriendo necesidades como la de convivir juntos, y entonces empecé a tomar alcohol y fumar. Había caído en una depresión de la que me costó salir, y fue cuando logré aferrarme más a Dios y con el apoyo de mi familia que logré dejar esos vicios. A uno le agarra porque no se puede ver a los hijos todos amontonados, sin comodidades, y laburaba y laburaba y sentía que no podía avanzar. Pero, gracias a Dios, mi mujer salió adjudicada con el programa Vida Digna, y con eso pude hacer una segunda pieza grande y hoy ya tengo a todos mis hijos conmigo y no repartidos, pese a que aún le falta la construcción de un baño, mientras tanto utilizamos el de mi mamá, que vive en el terreno de adelante”.

Carlitos tiene cuatro hijas y cinco varones, ya es abuelo de su hijo mayor, el de 22 años, y relata con alegría: "todos mis hijos hicieron la primaria, y el más grande ya terminó la secundaria. No los tengo en la calle porque yo he crecido en la calle y he visto cada cosa y por eso agradezco y hago todo lo posible para que ellos no pasen por lo mismo”.

"Mis hijos más grandes me dijeron: ‘papá ¿Cómo vas a ir a trabajar la calle?’, y yo les respondí que para que te vaya bien en la vida hay que tomar buenas decisiones, y esta decisión pude tomar para que no les falte nada. Salir a trabajar para traerles el pan. Mis hijos se quedaron mudos”.

Para Carlitos, los saludos de todas las mañanas lo llenan y le dan energías para estar el día a día allí parado trabajando, "aunque no hagas muchos pesos”. Así mismo, aseguró que ante una propuesta laboral estable y con un sueldo fijo, lo aprovecharía y dejaría la calle."No desmerezco este trabajo pero necesitaría más ingreso de plata y estabilidad ya que la situación no está para estar sin trabajo y a la vez con un trabajo precario”. Si bien, Carlitos agradece tenerlo, trata de ponerle una fecha de vencimiento y pensar que no será para siempre, "aunque hoy… es lo que tengo”.

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