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EDICIÓN IMPRESA

“Si lo dejan libre, me voy de Alta Gracia”

Belén Arregui tiene 30 años y dos hijos. El pasado 19 de enero, su ex pareja y padre de los pequeños le fracturó la cara de una trompada.

Por Consuelo Cabral
Especial para Sumario
 
La trompada entró de abajo y le dio de lleno en el lado izquierdo de la cara. Belén Arregui se había agachado para levantar a su hija y  así quedó, aturdida, en cuatro patas. El silencio la mareó. Le empezó a salir sangre de la boca y de la nariz. Intentó tocarse la cara y no sintió nada. Salió corriendo y como pudo llamó a una amiga. "El hijo de puta de Nico me reventó”. La amiga le dijo que se tomara un remís y que se fuera directo al hospital. Belén le hizo caso.  Era pleno enero. Apenas unos días antes habían organizado para ir a La Falda, querían meterse al río. Ahora las dos estaban en una habitación sin entender nada y asustadas.

Los médicos revisaron a Belén y la mandaron directo a Córdoba, al Hospital Tránsito Cáceres. Ahí le diagnosticaron fracturas múltiples en el hueso cigomático y en el maxilar. "El médico me dijo que si me pegaba medio centímetro más arriba o un poco más fuerte me mataba. No puedo abrir la boca más de esto”, dice Belén apenas separando los labios. En la consulta prequirúrgica, el cirujano plástico escribió muchas cosas. Entre ellas, que las prótesis tienen un costo de 21 mil pesos. "No sé cómo voy a hacer para pagarlas, no tengo obra social, no tengo trabajo. Yo vendía publicidad en una radio, me gustaba. No puedo vender así, con la cara hundida. Es raro, sé que no tengo la culpa, pero me da vergüenza”, dice Belén mirando en dirección a su ex lugar de trabajo. "Yo tenía una vida, me había logrado ir de la casa de mi mamá, que lo apaña y lo trata como a un hijo, come con él a pesar de haber una orden de restricción. Tenía mi trabajo. Si Dios me dio una batalla, me dio una batalla muy copada, copadaza, porque ahora no tengo nada”.

Del amor al horror
Belén y Matías Nicolás Furlani, Nico, se conocieron en una fiesta en el 2012. Él tenía 20 años y ella 25. Cuando iban saliendo, él empezó a caminar detrás de ella y de un amigo que la acompañaba. Le preguntaron qué pasaba y les dijo que los seguía porque eran vecinos. "Fue raro, yo nunca lo había visto en el barrio. Nico vivía con su abuela a la vuelta de casa, porque su mamá falleció y su papá es una figura ausente. Y yo con mi mamá y mis hermanos, en barrio Don Bosco. Así fue que empezamos a ser amigos y después a salir. Pero Nico se drogaba con todo.
 
Tenía unos amigos de mierda y el viejo le daba plata para cumplir. Yo le decía que se estaba haciendo mal, que parara. En ese momento, pensaba que podía ayudarlo y que siendo su novia me la tenía que bancar y apoyarlo costara lo que costara. Pero cada vez empezó a ser peor. De lunes a viernes era una cosa, pero cuando llegaba el fin de semana, salía y volvía más duro que esta mesa. Hablé con la abuela de él y fue peor, empezó a ser violento con ella”, cuenta Belén.
Hasta ese momento, las víctimas de las trompadas de Nicolás eran los muebles y las paredes. Al año de estar juntos, Belén quedó embarazada. "Me pasé todo el embarazo sola. No vivió el embarazo del varón. Me decía que iba a cambiar pero seguía igual y para verlo el fin de semana con la resaca, prefería que no. Dos meses antes que naciera Máximo se quiso poner las pilas. En ese tiempo estuvimos viviendo en la casa de su abuela y no hubo forma, así que me volví a la casa de mi mamá. Pasó un año y quedé embarazada de la nena. Nos fuimos a vivir juntos. Los primeros tres meses estuvo bien, pero después llegó el primer episodio de violencia. Discutimos y me pegó en los riñones. Estuve internada 19 días. No sabía si la bebé iba a sobrevivir. Ahí lo denuncié. Otra vez me encerró en un galpón y me amenazó con un cuchillo. Pero lo más terrible fue a los 10 días de nacida Francesca. Era Año Nuevo. Me fui a lo de mi mamá y le dije que me buscara en un rato. Como no venía, volví a casa. Cuando llego había 20 negros afuera y adentro uno en mi cama con una mina, y otro en el baño, que estaba lleno de bolsas de cocaína. Cuando vi todo eso, eché a todos, había dos bebés, era una locura. No sabés lo que era mi casa”.

La impunidad del machismo
Con una orden de restricción y varias denuncias asentadas por violencia de género, Nicolás seguía yendo a los lugares donde estaba Belén, por lo que ella dejó de visitar a su mamá, porque sabía que si iba, se lo iba a encontrar ahí.
El jueves que Nicolás le fracturó la mitad de la cara a Belén de una trompada, la mamá de Belén le había pedido que por favor lo desbloqueara de Whatsapp. "Mi mamá me mandó un audio diciéndome que Nico tenía que decirme algo urgente. Yo en lo primero que pensé fue en mis hijos, que estaban con él. Lo desbloqueé y cuando le pregunto qué pasa, me dice que nada. Que quería decirme que estaba muy fea y flaca. Que daba vergüenza. Lo mandé a la mierda. Pensé que me iba a dejar los chicos e irse. Pero cuando llegué a lo de mi mamá, los chicos me vinieron a abrazar y atrás lo vi a él, con mis hermanos, como si nada. Le dije que no podía meterla a mi mamá, que me había preocupado. Ahí pasó todo. Mis hermanos no hicieron nada. Incluso declararon a favor de él, diciendo que me golpeé con un mueble. Mi hermana me dijo ‘para qué le buscas la jeta vos’”.

"Mi mamá lo trata como a un hijo más sabiendo lo que me hizo. Me reprocha a mí que cuándo voy a cambiar, mientras a él le sirve la comida. Ella también fue golpeada por mi papá. En casa hay un machismo absoluto, la mujer siempre tiene la culpa. Y ese mismo machismo se refleja en la Justicia de Alta Gracia”.

La afirmación de Belén se debe a que si bien ahora Nicolás está detenido en la comisaría de Alta Gracia, imputado por violar la orden de restricción y por lesiones culposas agravadas por el vínculo, en los próximos días podría quedar en libertad. Así asegura que le dijeron desde la fiscalía a cargo de Martín Berger durante la feria judicial. Quienes tendrán la última palabra serán Alejandro Peralta Otonello o Emilio Drazile, depende sobre cuál de los fiscales recaiga el caso.
"Yo ya lo decidí. Si lo dejan libre, como me están diciendo que va a pasar, me voy de acá para siempre. Tengo dos hijos que amo, pero no puedo cuidarlos si no cuido de mi vida primero. Si me quedo acá voy a vivir temblando en la calle, con ataques de pánico, como los que tengo. Es injusto. No confío en la Justicia, ni en mi familia. Por eso cuando me reventó salí a pedir ayuda en las redes sociales, porque necesito de alguna forma que esto se sepa, y que se conozca la impunidad con la que un hombre puede pegarle a una mujer sin que nadie haga nada", asegura Belén.

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