EDICIÓN IMPRESA

Contra viento y marea

Luego de una tragedia familiar, los hermanos mantuvieron a flote el comercio que ya cumplió 24 años.

La vida de Armando, Gustavo y Lorena sufrió un fuerte sacudón cuando, con pocos meses de diferencia entre uno y otro, fallecieron sus padres Armando y Marta. En aquel momento, debieron afrontar, no solamente la crisis emocional de haberlos perdido, sino que también tuvieron que mantener el comercio que sus padres habían instalado en Alta Gracia en medio de una de las crisis económicas más importantes de la Argentina. Pese a todas las dificultades, lo consiguieron y en septiembre pasado, Avícola Mi Granja cumplió 24 años.


En 1994, la familia Zampedri vivía en cercanías a Anisacate. Allí, tenían un criadero de pollos. Además, habían comprado un terreno en Alta Gracia, sobre la Avenida del Libertador, en donde estaban edificando su casa. Armando y Marta decidieron vender el criadero y terminar el hogar que estaban construyendo para instalarse definitivamente en la ciudad. Entonces, comenzó a funcionar “Avícola Mi Granja”, dedicado a la venta de pollos tanto para cocinar como en diferentes preparaciones (a las brasas, arrollados, empanadas, milanesas, etcétera).


Cinco años más tarde, Marta debió someterse a una operación de columna vertebral. Por ese entonces, Armando y Gustavo acompañaban a sus padres con el trabajo en la avícola y Lorena estaba estudiando Ciencias Económicas.  Sin embargo, sus planes tuvieron que cambiar cuando su madre no pudo hacerse cargo del negocio. “Como ella no podía estar en el comercio, tuve que dejar la facultad y ayudarlos” explicó Lorena a Sumario, el diario de los viernes. Marta nunca logró recuperarse completamente de la cirugía y en enero de 2000, se manifestó un virus intrahospitalario adquirido durante la operación. “El virus la fulminó en 15 días. En octubre de ese mismo año, murió mi papá. Nunca superó la muerte de mi mamá, había entrado en depresión y, además, era diabético. Murió de un paro cardiorrespiratorio” relató.

“Era seguir o seguir”
A partir de la muerte de sus padres, a los hermanos Zampedri no les quedó otra alternativa que continuar con el negocio. “Era seguir o seguir” explicó Lorena. “Nos habían quedado muchas deudas de mis padres. Con el tema de la cirugía y las internaciones de mi mamá, papá había sacado créditos y préstamos con usureros. Cuando él muere, nos aparecen todos los acreedores. Era más lo que se debía que lo que se tenía, así que no quedaba otra que seguir” agregó.
Gustavo y Lorena fueron los hermanos que ininterrumpidamente trabajaron el negocio de sus padres. Armando los acompañó durante un tiempo y en otros momentos se dedicó a diferentes labores. Poco después, empezó la crisis del año 2001. “Fue un momento muy difícil, porque los problemas económicos nos agarraron en plena crisis emocional. Pero a pesar de las dificultades, con altibajos, logramos salir adelante y acá estamos. Ya llevamos 24 años y conservamos muchos clientes que vienen desde el primer día. Por eso, queremos transmitir nuestro agradecimiento a los que confiaron siempre en nosotros, ya que no fueron muchos. 24 años después, seguimos con el legado intacto del trabajo y honestidad que nos dejaron nuestros padres” señaló Lorena, agradecida.

Un oficio sacrificado y dedicado
Los sacrificios del rubro gastronómico no son pocos y los hermanos Zampedri son conscientes de eso. “Mientras todos festejan, nosotros trabajamos. En esta época de las fiestas, especialmente. El 24 y el 31 trabajamos hasta las diez y media de la noche. Cerramos, comemos algo rápido y brindamos. A veces, se nos han hecho las doce y todavía estábamos en la cena” relató Lorena. “Y el 25 de diciembre y 1º de enero, también abrimos medio día. No tenemos empleados en esas fechas, pero con mi hermano trabajamos de todos modos” agregó.
Además del sacrificio, otra palabra que define el trabajo gastronómico es la dedicación. “Lo que nosotros hacemos no es un producto industrializado. Es algo que se prepara con dedicación, como si fuera para la mesa de nuestra casa” describió Lorena.

Quisiera que esto dure para siempre
Cuando mira hacia el pasado, Lorena sonríe satisfecha de los logros conseguidos. Al fijar la vista en el futuro, observa algo incierto, pero sabe qué es lo que desea. “No sé qué va a pasar en un futuro, somos hermanos y los planes personales de cada uno pueden cambiar y eso hacer que cambie el plan del negocio. Lo que sí sé es que si fuera por mí, quisiera que siguiera así siempre” relató con seguridad.
 

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