EDICIÓN IMPRESA

Estado presente vs Estado insensible

Opinión, por Por Diego Heredia, Alta Gracia Ciudadana. Especial para Sumario.

Las familias que habitaban Villa Chichita, una de las casas en las que vivió de niño Ernesto Guevara Lynch, habían ingresado a ese inmueble hace más de cinco años. Debido al proyecto de la Municipalidad de Alta Gracia que administra Facundo Torres Lima, se iniciaron las tratativas para realizar el desalojo de las familias, a las que se les gestionó una vivienda en barrio Parque Virrey para que pudieran dejar el edificio que pertenece a un reconocido empresario de la ciudad. 

Pese al acuerdo de las familias que vivían en Villa Chichita con la propuesta, fueron desalojadas sin previo aviso, según informaron, y mediante un gran operativo que se realizó convenientemente cuando la mayoría de los adultos no se encontraban en el lugar y con presencia municipal, dato que deja varias dudas debido a que el Municipio no participa en otros desalojos. 
Los camiones llevaron las pertenencias de las familias al patio de la precaria vivienda prefabricada que se levantó en un terreno de barrio Parque Virrey. La pequeña casa de dos habitaciones no tenía puertas, ventanas, baño instalado, servicio de agua corriente, ni electricidad. Además, hubo un error en la construcción, porque la vivienda fue levantada en un terreno que no pertenecía a las familias desalojadas, por lo que corrían riesgo de un nuevo desalojo.  

Con los objetos personales afuera de la vivienda porque no entraban en la misma, en los días posteriores se sucedió el robo de algunas herramientas de trabajo con la que los mayores realizan changas de jardinería. También perdieron posesiones por las lluvias. Las familias desalojadas advirtieron que, pese a las promesas, desde el Municipio sólo se acercaron para llevar las ventanas, las puertas y los elementos del baño que no estaban instalados cuando la familia llegó.  

Al cierre de esta nota, las familias continuaban sin el servicio de electricidad (les prestaba una vecina) ni agua corriente. Las y los niños debían bañarse en distintas viviendas, los mayores cocinaban afuera y se iban hasta alguna estación de servicio para usar el baño.  

Modelo insensible
La noción sobre el rol del Estado que se discutió, principalmente en redes sociales, se dividió entre quienes repudiaban la actitud del Municipio por haber “tirado como perros” a estas familias, tal como lo expresó uno de los vecinos desalojados; y quienes decidieron enfocar su opinión sobre las familias y las criticaron, en el mejor de los casos, por “haber usurpado” una vivienda, sin analizar las condiciones de la misma y los derechos básicos a los que deberíamos acceder como ciudadanas y ciudadanos. 

El discurso de la meritocracia, al servicio de la defensa de la actitud municipal, no hace más que reforzar un modelo individualista e insensible, que basa su tesis en que la paz social se garantiza si las y los que menos tienen están dispuestas y dispuestos a hacer “esfuerzos” y “concesiones”, que raramente se les pide a quienes más tienen.

Creemos en un Estado presente, que garantice los derechos humanos básicos. Por ello como fuerza política repudiamos el accionar insensible de la Municipalidad que en esta oportunidad promovió la precariedad, el hacinamiento y la falta de acceso a servicios básicos a familias compuestas por niñas y niños.

Este hecho demostró que nuevamente asistimos a la propuesta de dos categorías de ciudadanas y ciudadanos por parte de la gestión de Torres. Por un lado, el accionar desinteresado sobre familias que por necesidad en este caso usurparon una vivienda; por otro lado la complicidad del Estado local con quienes, por ejemplo, usurpan y se apropian de espacios públicos para revalorizar sus negocios privados. 

 

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