PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

Fuera de agenda

Por Jorge Conalbi Anzorena

Fuera de agenda

El 2 de diciembre de 2000 la ciudad logró un objetivo histórico: ingresar a la Lista del patrimonio de la Humanidad de la Unesco, para sumarse al reducido grupo de sitios que maravillan al mundo.

Diecisiete años después, y desde hace ya muchos, el aniversario pasa desapercibido.

No tiene espacio ni en el almanaque ni en las agendas oficiales.

No hay acto alguno para conmemorar ese acontecimiento que debería arrancar explosiones de orgullo a los vecinos de la ciudad.

Y francamente... probablemente la mayoría de los funcionarios municipales y provinciales lo tengan en cuenta. Alguno que otro vinculado al área cultural, quizá.

Los aniversarios sirven para observar, hacia atrás y hacia adelante. Lo hecho y logrado, lo planificado y los desafíos pendiente.

Volteando la cabeza, se encuentra muy poco: el Plan de Ordenamiento Urbano y Territorial (POUT) que jerarquizó las áreas de protección y limpió el centro de la invasiva cartelería comercial que visualmente contaminaba lo más bello que tiene la ciudad, sus casas y edificaciones antiguas.

Y no mucho más.

Alzando la vista... menos aún.

Mario Borio, Lucille Barnes y Noemí Lozada de Solla, principales impulsores de la inclusión de la Estancia Jesuítica en la Lista de la Unesco, soñaban con una Alta Gracia receptora de turismo cultural internacional, fuertemente vinculado a la cultura.

El plan no sólo requería inversiones muy fuertes. También demandaba audacia y firmeza a la hora de realizar transformaciones profundas, de esas con las que los intendentes se ganan enemigos cuando las implementan... y monumentos cuando las terminan.

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