INFORME ESPECIAL

Hasta que rebalse

domingo, 30 de agosto de 2020 · 05:00

“El camino hacia la verdadera solución de la gestión

de los residuos sólidos urbanos, no es sólo empinado,

 sino también complejo y lleno de matices, y demandará,

sobre todo, constancia, compromiso e imaginación”.

“Que enorme desperdicio”, dice Lisa Simpson, mientras tira una enorme pila de basura en un tacho que está a tope. “Esta basura de porquería” comenta Homero, realizando su propia contribución a los desechos de la familia, dejando un tacho rebalsado. “Está repleto papá… vas a tener que sacar la basura”, agrega la sabelotodo de la familia, mientras que Bart apunta… “es la regla Homero, quien lo llena, tiene que sacarlo”. Todos, en nuestras propias casas, evadimos la responsabilidad de hacernos cargo de la basura, y aunque muchas veces la familia norteamericana nos parezca bizarra y un ejemplo que nadie quiere seguir, en los hogares argentinos pasa muchas veces algo similar. La basura se acumula, llegando a parecer una torre de yenga, donde los jugadores van depositando sus residuos de manera estratégica, para que a nadie le toque vaciar el tacho.

El capítulo de la serie animada se repite de manera inconsciente en la memoria colectiva de todos los altagracienses, que nunca supieron muy bien qué hacer con su basura. La gestión de los residuos sólidos urbanos (en adelante RSU) se convirtió en uno de los desafíos más grande a resolver para el Eestado municipal. Proyectos de plantas recicladoras en los ’90 y también después, un intento por privatizar el servicio, el cierre de un basural y la expectativa de su saneamiento, se sumaron a experiencias que quedaron a medias. Mientras tanto, la basura se fue acumulando y el tacho quedó a tope. En una sociedad donde cada uno de sus habitantes genera entre 1 y 1,5 kilos de basura por día, el tratamiento de los residuos sigue siendo un desafío colectivo que tiene más batallas perdidas que ganadas.

En la provincia de Córdoba, la situación es crítica. Con el predio de Piedras Blancas colapsado, se espera una definición concreta con respecto a la puesta en marcha de la planta de Cormecor -conformados por 20 municipios y comunas entre las cuales figura Alta Gracia-  cuya instalación está tan cerca de ver su fin como el depósito de la basura provincial ubicado cerca de Bouwer. Un fallo favorable al grupo de vecinos autoconvocados Santa María sin Basura y apelaciones ante la justicia, dilatan los tiempos.

La solución de Cormecor se avecina lejana y poco factible, asemejándose al último lote de desperdicios que Homero tiró en el tacho. El cesto rebalsado llegó a las manos de Marcos Torres Lima, quien será el responsable -como le ocurre al que llena el tacho- de tener que sacar la basura. Por eso, el Ejecutivo Municipal de Alta Gracia trabaja en un plan alternativo de gestión de residuos -que hasta el momento no supera el bosquejo garabateado en un borrador- pero tal vez, el primero que tiene una forma un poco más definida, y la primera iniciativa que persigue la finalidad de una gestión de basura sustentable para el medio ambiente. 

En él, la alternativa del reciclaje y la reutilización de los residuos se presenta como la solución más atractiva y viable, pero las definiciones, objetivos, consecuencias y previsiones a largo plazo aún parecen no estar muy claras y definidas. En este contexto, la falta de un régimen unificado que disponga reglas claras para la industria, la discontinuidad en las medidas, la escasa educación ambiental y los pocos controles y penalidades, hace que esta realidad sea bastante lejana.

 

El “mientras tanto”

Según los estudios ambientales, vivimos inmersos en basura, con tachos rebalsados constantemente. Hoy cada ciudadano genera, en promedio, un kilo de basura por día y, en Alta Gracia, el Municipio debe resolver la disposición final de entre 50 y 60 toneladas diarias de RSU. Luego del cierre del basural ubicado en barrio La Perla, que dejó de funcionar el 1º de enero de 2013, la basura de Alta Gracia comenzó a acumularse fuera de casa, en Piedras Blancas.

Los números fríos del gasto que implica al municipio la disposición final de los residuos, pueden dejar pasmado a más de uno. Sin embargo, no deja de ser una “inversión” necesaria. Por mes, la ciudad traslada 1.800 toneladas de basura al predio de Piedras Blancas. Por tonelada, el municipio debe desembolsar la cantidad de 650 pesos, lo que representa casi un millón de pesos mensuales, sólo para poder entrar a ese predio de enterramiento. Si a esto se le suma el gasto de combustible, mantenimiento de camiones y haberes de los agentes recolectores, el número se duplica. 

Paralelamente, desde hace algunos años se vienen impulsando distintas campañas de educación ambiental apuntadas a las instituciones educativas, centros vecinales y diferentes asociaciones de la ciudad. Estos talleres, que intentan rescatar la importancia de la separación en origen de los RSU, del reciclado y de la reforestación, entre otras consignas, están destinados especialmente a los más pequeños, pero en la práctica no tienen aplicación directa.

Además, distribuidos en algunos puntos de la ciudad, se pueden encontrar contenedores para la separación diferenciada de algunos residuos. Sin embargo, el Municipio sólo dispone del tratamiento diferenciado  para la basura electrónica -cuyo contenedor se encuentra en Defensa Civil- y para las botellas de plástico PET. Los residuos correspondientes a la primera categoría son enviados para su tratamiento a la ciudad de Córdoba; mientras que los segundos son entregados a la Fundación Ecoinclusión, que produce ladrillos ecológicos a base de este material y recibe entre 100 y 150 kilogramos de plástico por mes, que es el equivalente a 2.500 ó 3.000 botellas de litro y medio. El convenio entre las dos instituciones se firmó en agosto de 2016 y la intención del por aquel entonces intendente Facundo Torres Lima era utilizar estos ladrillos en programas como "Mi baño”, llevado adelante por la Secretaría de Desarrollo Social. El plan nunca vio la luz.

 

El nuevo plan A

Con la alternativa Cormecor prácticamente frustrada, la gestión municipal se vió obligada a salir a buscar un nuevo plan que -una vez que se haya concretado y puesto en marcha- dependerá de muchos factores que deberán alinearse y amalgamarse. El camino hacia la verdadera solución de la gestión de la basura, no es sólo empinado,  sino también complejo y lleno de matices, y demandará, sobre todo, constancia, compromiso e imaginación.

En el proyecto se encuentran trabajando dos secretarias: la de Servicios Públicos -con un funcionario recién asumido y más abocado en apagar incendios (literalmente) y pelear con los centros vecinales por “supuestos desmontes”- y  la de Ambiente. La iniciativa apela, en primera instancia, al compromiso y responsabilidad ciudadana: las personas deberán participar activamente en la separación en origen de los residuos y llevarlos a “Puntos Verdes”, ubicados en diferentes zonas de la ciudad. Estos espacios, dispondrán de buena iluminación, cartelería y un domo de control y seguridad, para evitar que se tire cualquier otro material que no sea reciclable. ¿Qué pasará con aquel vecino desprevenido que arroje vidrio en el lugar destinado al plástico? Esas precisiones aún no están definidas, pero cabría esperar que se dispense hacia el infractor algún tipo de multa resarcitoria ¿Quién hará esos controles? ¿Quién tendrá el poder de policía? También habrá que esperar para conocer eso.

En una segunda etapa del proceso, entrarían en juego las cooperativas de separadores, a las cuales el municipio les proveería el equipamiento necesario para el tratamiento de los residuos reciclables. “Sabemos que es un proyecto que demandará un gran esfuerzo. Por eso, el Estado debe ser sumamente responsable en cuidar el trabajo que hará la persona al llevar voluntariamente el material. De lo contrario -si a esos plásticos, vidrios o cartones secos que acerca el vecino- no se le da el tratamiento que corresponde, este podría desmotivarlo y eso es, justamente, lo que no queremos que pase”; remarcaba el intendente Marcos Torres Lima al comunicar el proyecto a este medio. Las campañas de concientización, ecológica y cultural, es uno de los factores determinantes que definirán el éxito del plan.

El proyecto final, en una instancia ideal y superadora, es que la recolección de los residuos reciclables se realice dos veces por semana en los hogares de los altagracienses, y disponerlos luego en una planta de transferencia donde sean clasificados y reciclados, reduciendo así su volumen. El plan, a simple vista, cierra por todos lados: produce trabajo, colabora con el reciclaje, y reduce el volumen de lo que se entierra en Piedras Blancas, reduciendo así también el costo de lo que se invierte en la disposición final de los RSU.

“Al momento de medir los RSU, se deben tener en cuenta dos dimensiones: el volumen y el peso, y es este último el que le pone el precio a la basura, ya que la Municipalidad paga por tonelada enterrada”, explica Carlos Barreiro, miembro de la cooperativa La Fragua, y con amplia experiencia en el rubro de los RSU. “Un camión de basura -el municipio envía aproximadamente 10 camiones por día a Piedras Blancas- tiene capacidad para alrededor de seis toneladas de basura, y de ese total sólo el 25 por ciento es basura que puede tratarse para ser reciclada, el resto son húmedos”, asegura Barreiro. Siguiendo esta regla, el municipio podría llegar a reducir 15 toneladas diarias en el volumen de los RSU, significando esto un ahorro de 500 mil pesos mensuales. Cualquiera diría que ese número está muy claro en la cabeza del Intendente de Alta Gracia, pero el mandatario aseguró a este medio que aún no se ha estudiado este aspecto.

“El Estado siempre tendrá que invertir plata en el tratamiento de los RSU. Hay que analizar la situación desde la perspectiva de lo ambiental y no de lo que se puede ahorrar. Es necesaria una perspectiva más integral, que trabaje e incentive el compostaje, por ejemplo”, finalizó Barreiro.

“Gestión integral”

Mientras que el proyecto del Ejecutivo prevé que los vecinos trasladen los residuos reciclables a cuatro puntos de la ciudad, el  opositor bloque de concejales de Alta Gracia Crece presentó su propio proyecto de ordenanza para el tratamiento de los RSU.

La iniciativa plantea la idea de "gestión integral". Esto apuntaría a abarcar todas las áreas que involucran a los residuos: desde la planificación territorial, la educación, la participación, la reducción, la recuperación y hasta la disposición adecuada. Además, el proyecto propone una modificación del Código de Ambiente Municipal, la ordenanza 7.942, donde uno de sus capítulos aborda los residuos sólidos urbanos. La idea es actualizar aquella norma con las más recientes concepciones sobre el tema.

La concejala Amalia Vagni explicó que una de las premisas centrales del mismo, es pensar a los residuos ya no en términos de basura, sino como recursos susceptibles de ser gestionados. Vagni también señaló que la propuesta se ha ido planificando dentro del paradigma del desarrollo sostenible y por lo tanto, el objetivo es la producción de bienes y servicios, al mismo tiempo que reducir el consumo y el desperdicio de materias primas.

"La idea es tratar de implementar una economía del tipo circular basada en cerrar el ciclo de vida del residuo, de ahí que resulte imprescindible que el Municipio empiece a gestionar obligatoriamente un plan de gestión de residuos sólidos urbanos estableciendo jerarquías, prioridades, metas anuales y lo más importante es sostenerlo en el tiempo"; remarcó la Concejala de Alta Gracia Crece.

De la misma manera, propone la separación domiciliaria, valorizando el residuo, reutilizándolo y  reciclándolo para "tratar de llevar lo menos posible" al destino final, que hoy es Piedras Blancas.

"Esto no será posible sin educación, sin participación ciudadana y sin educación ambiental; por eso está reflejado en el proyecto de ordenanza y con el entendimiento de que el ambiente no entiende de colores políticos, y que no hay nada más importante que la ciudad misma"; concluyó Vagni.

Lo paradójico de este proyecto, es que tampoco tiene proyecciones ni cifras. Por ende, tampoco se conocerá por medio de él, cuál es el porcentaje de basura que se podría reducir con esta gestión integral, para medir realmente el impacto que tendrá sobre la gestión y el gasto final; ni cuanto se deberá invertir para su puesta en marcha. Desde lo conceptual, el proyecto parece muy completo, pero desde lo práctico deja varios frentes abiertos.

 

Nada se pierde… todo se transforma

La gestión del Estado en lo que al tratamiento de los RSU se refiere, debe ser global, incluyendo políticas públicas que traten el tema de la recolección, como así también la concientización de los ciudadanos. Y los detalles deben poder expresarse en números, como ocurre en cualquier otra gestión del Estado. Hacer hincapié en la concientización y en un sistema de premios y castigos parece ser el camino más corto para llegar a buen puerto.

Es importante que se entienda que no sólo hay que separar entre secos y húmedos, sino también por tipos de secos: diferentes plásticos, papeles, etc. Sin embargo, no sólo alcanza con que los vecinos separen su basura. El tema de la disposición final de los residuos es otra arista a tener en cuenta. Las personas pueden separar, pero en general no van por tres lugares distintos para llevar su basura, sin mencionar que todavía queda sin tocar el problema de los residuos orgánicos. La práctica del compost no es difundida y los restos de comida terminan en el camión de la basura.

El problema del tratamiento de los RSU es complejo y son muy pocos los que han llegado a una solución sostenible. Lo claro es que los estados siempre deberán investir, y tener en cuenta que con la basura siempre se sale perdiendo.

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