CUARENTENA

Los que se cayeron

viernes, 24 de abril de 2020 · 05:11

“Vendo libros para una editorial en Córdoba y hago trabajos en teatro en Carlos Paz. No puedo hacer ninguno de mis trabajos desde hace un mes. No soy monotributista, no tengo empleo en relación de dependencia, no tengo vehículo, estoy pagando la cuota de mi crédito Procrear que saqué hace como cinco años para hacerme la casa” relata Leandro a Sumario Noticias en una nota en la que cuenta su urgencia por cobrar el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE). “Buen día, aclaro que no estoy enfermo ni nada, solamente llevo esto por prevención” explica un joven –llamémosle José- señalándose el barbijo que lleva puesto a la periodista de Sumario, el diario de los viernes, que acaba de responder al timbre de su casa. “Estoy vendiendo panes rellenos. Normalmente no llego hasta acá, vendo en el centro. Pero ahora no hay nadie y tengo que vender casa por casa. Sé que no se puede, pero tengo que llevar algo a casa para mi familia”. La situación ocurrió pocos días después del 20 de marzo en el que el Gobierno nacional anunció el aislamiento social preventivo y obligatorio. Más allá de los motivos sanitarios que llevaron a que se tomara la decisión de restringir la circulación en Argentina, los trabajadores informales fueron los primeros en recibir el golpe al bolsillo.

Leandro vive solo, con sus trabajos habituales vive “al día” y junta para pagar los impuestos y servicios, la cuota del crédito y la cuota alimentaria que debe abonarle a la madre de su hija. Un mes entero sin realizar su actividad implicó que no puede cumplir con ninguna de esas obligaciones y además, le complica el acceso a los elementos esenciales como alimentos y productos de higiene y del hogar.

José vive con su madre y sus tres hermanos. Normalmente, ofrece sus productos en el tajamar, a los comerciantes y transeúntes de la avenida Belgrano o a quienes trabajan en las escuelas Manuel Solares y Maestro Rodolfo Vicente Bútori. Cuando su recorrido es más largo, se extiende hasta las estaciones de servicios ubicadas en Alem y Sarmiento y en San Juan Bosco y Libertador. De un día para otro, la situación cambió completamente. Las estaciones no tienen más de dos o tres autos, la gente se asusta y se aleja al verlo llegar, la policía controla el centro y José no tiene permitido circular. Su madre es empleada doméstica, pero desde el 16 de marzo que no está trabajando porque a sus patrones les pidieron hacer teletrabajo entonces no requirieron sus servicios. Su hermana es niñera, y está en la misma situación. Sus otros dos hermanos son empleados de la construcción. Hasta ahora, con los trabajos de cada uno de los miembros de la familia, “se las arreglaban”. Sin embargo, la nueva situación ha hecho que directamente no alcance el dinero para las necesidades indispensables.

José y Leandro no son los únicos que sufren las consecuencias del estancamiento económico. Hay alrededor de ocho millones de argentinos que calificaron para recibir el IFE. Y los gobiernos nacional, provincial y municipal no son ajenos a esa situación. Sobre todo, porque los pedidos de ayuda crecen a pasos agigantados. Cada vez son más las familias que recurren a diferentes instituciones a pedir asistencia para su subsistencia. Apenas comenzó el aislamiento social preventivo y obligatorio, la Municipalidad implementó un sistema de ayuda para aquellas personas que no tienen un trabajo formal y tampoco reciben ningún tipo de asistencia del estado nacional o provincial. Se trata de familias como la de José, que no tienen Asignación Universal por Hijo, Tarjeta Alimentar ni Tarjeta Social. El sistema, en realidad, se desarrollaba desde hace tiempo y cuando empezó la cuarentena, se difundió un número de teléfono para que aquellas personas que lo necesitaran se contactaran, ya que la oficina de la Secretaría de Salud, Desarrollo y Equidad Social está cerrada. Habitualmente, desde esa área del municipio, se entregaban unos seiscientos cincuenta módulos alimentarios.

Sin embargo, en un mes de aislamiento, se recibieron alrededor de siete mil mensajes con pedidos. No todos los que escribieron solicitando la ayuda cumplían con los requisitos mencionados, pero sí una gran cantidad de familias. Luego de analizar la situación, se entregaron finalmente unos dos mil módulos alimentarios y en los próximos días comenzará la segunda etapa de esta asistencia. La medida apunta a aquellas familias que se vieron directamente afectadas por la parada de la actividad económica informal: empleadas domésticas, albañiles, naranjitas, vendedores ambulantes y la lista continúa. Leandro y José representan esa franja de trabajadores que estaban caminando a duras penas sobre la cuerda floja de la estabilidad económica y la subsistencia. Sin salarios formales, sin ayudas estatales, sin capacidad de ahorro y sin posibilidad de seguir realizando su trabajo, el cimbronazo que significó el aislamiento en la economía terminó de arrojarlos al vacío. Lo único que pueden esperar es que al final de la caída haya una red capaz de atajarlos. 

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