Eso no es joda

viernes, 13 de marzo de 2020 · 12:22

La semana pasada, a tan solo dos días de que Marcos Torres Lima anunciara que en poco tiempo comenzarían las capacitaciones para el personal municipal en lo que atañe a la Ley Micaela, una publicación en las redes sociales de Analía Subirá, coordinadora de Defensa del Consumidor de la ciudad, despertó una fuerte polémica. La funcionaria compartió una imagen con una declaración de la diputada santafesina Amalia Granata, en la que ironizaba sobre el discurso del Presidente que había señalado el 1º de marzo: “El aborto sucede. Es un hecho. Y es solo esa hipocresía que a veces nos atrapa, la que nos hace caer en un debate como este.” Luego del discurso de Alberto Fernández, la legisladora del partido “Somos vida” declaró: “Los femicidios también suceden, ¿los legalizamos?”. Y una imagen con esa frase fue compartida por Subirá, quien además añadió: "Las primeras femicidas son las abortistas, eliminan a nuestro género desde el inicio. Después batallan desde una hipocresía psicótica y violenta, rasgándose las vestiduras contra lo que ellas mismas son y hacen".


La publicación, que salió a la luz a pocos días de la marcha del 8 de marzo, conmemorando el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, en la que se reclama por medidas en contra de la violencia de género, provocó un fuerte repudio de parte de la Asamblea Feminista de Paravachasca. Al día siguiente a la publicación, Subirá aclaró en Siempre Radio 93.3 que está en contra de los ataques hacia las personas y que es una ferviente defensora de la vida. Además, remarcó en numerosas oportunidades que la publicación había sido realizada a título personal y no en carácter de Coordinadora de Defensa del Consumidor.


Sin embargo, hay cuestiones que son inescindibles. Un funcionario es una persona pública y por más que no se exprese de manera oficial, sus opiniones personales, vertidas de manera abierta en una red social a la que cualquier usuario –sin ser contacto de ella- puede acceder, son una declaración política, quiera o no. Aceptar una candidatura para la viceintendencia y un puesto en la Municipalidad convierte a alguien en una figura pública. Eso conlleva la necesidad de un cuidado en las declaraciones, porque necesariamente tendrán más trascendencia que los comentarios del almacenero del barrio. Las palabras pueden herir muy hondamente, especialmente si sugieren el asesinato de mujeres, sea de manera irónica o no.


La ironía es un recurso literario y humorístico que consiste en decir algo, pretendiendo convencer al lector de justamente lo contrario. La mayor dificultad en la comprensión de esta estrategia radica en que es necesario conocer las intenciones del hablante y entender el significado global del mensaje para poder inferir que se trata de lo opuesto a lo que se enuncia. Es muy utilizada en el habla cotidiana como broma o sátira hacia lo que una persona manifiesta. Pero el humor tiene un límite, una delgada línea tras la cual es severamente cuestionable.


Micaela fue arrojada por una escalera, quemada en una parrilla y descuartizada. Jordana fue golpeada y tirada de un séptimo piso. Guadalupe fue atacada sexualmente y luego murió calcinada. A Agustina le pegaron, la asfixiaron y la tiraron a un río. La menor de ellas tenía 8 años y la más grande 28. Cuesta pensar en que estas atrocidades sean elemento de humor.


Banalizar los femicidios; colocar el aborto al mismo nivel que estos crímenes; no plantear ninguna solución a las muertes que año a año ocurren por interrupciones de embarazos en lugares clandestinos e inseguros y considerar que la educación sexual debe ser debatida y autorizada por las familias, desconociendo una ley vigente desde 2006 y que el 80% de los abusos se dan en el ámbito intrafamiliar pueden ser opiniones personales. Pero no enriquecen el debate, no aportan a una solución a ninguno de los dos problemas que ocasionan miles de muertes -femicidios y abortos clandestinos- ni tampoco son expresiones esperables de una funcionaria pública. 


A partir de esos dichos, ¿se atreverá alguien que lleve un pañuelo verde atado a su cartera a realizar algún reclamo en Defensa del Consumidor? ¿O temerá ser tratada de hipócrita, asesina, psicópata y violenta?
 

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