EDICIÓN IMPRESA

El paso de Evita por Alta Gracia

A 67 años de la muerte de Eva Duarte de Perón, dos fotos recuerdan la visita de Eva a la ciudad.

Por Andrés Cottini

De nuestra redacción

 

A las 21:36 del 26 de julio de 1952, Jorge Furnot tomó un pequeño papelito arrugado y frente al micrófono de Radio Nacional relató: “Cumple la Subsecretaría de Comunicación el penosísimo deber de informar al pueblo de la república, que a las 20:25 horas ha fallecido la señora Eva de Perón, Jefa Espiritual de la Nación”. La conmoción atravesó el país entero y los cientos de miles de trabajadores quedaron huérfanos de aquella mujer que encarnaba el arquetipo de la mística militante y revolucionaria del peronismo. Comenzaba ahí la primera gran tragedia emocional del pueblo argentino. 


Pero eso sucedió después. Seis años antes, una bella y joven mujer de 27 años pisaba por primera y única vez las tierras de Alta Gracia. Hacía poco Juan Domingo Perón había vociferado frente a una multitud: “Festeje el pueblo esta epopeya del descamisado”, en el primer aniversario de la Lealtad Peronista y la gloria reinaba.“Cuando Eva Perón llegó a la Estación de Alta Gracia el 26 de octubre de 1946, la cantidad de gente que la esperaba era impresionante. Estaban tanto sus seguidores como gente curiosa que se había acercado”, explica Augusto Piccón quien investigó y tiene copias de las 2 fotos que hasta ahora existen del paso de Evita por la ciudad. 


Según relata, ni bien llegó el tren presidencial, se realizó un multitudinario acto y se le entregaron flores mientras tocaba la banda municipal. Había también muchísimos niños de las escuelas que recibieron cientos de juguetes. A la ciudad, la primera dama arribó acompañada por el secretario de trabajo y previsión, José María Freyre, y su secretaria personal Isabel Ernest.
La visita fue rápida pero no consistía en entregar regalos a los niños sino que era para inaugurar el Centro Tisiológico Ferroviario y la Escuela Domingo Faustino Sarmiento, en La Paisanita y la Isla. Pero antes de eso, Evita fue llevada a la Municipalidad donde Manuel De La Rúa, interventor de la ciudad, la nombró por decreto Huésped de Honores un breve acto. Concluida esa ceremonia, partieron a la inauguración del centro médico especializado en tuberculosis ubicado en el corazón de barrio Pellegrini. Evita había sido declarada la madrina de ese centro médico y en la casona realizaron un acto donde el Mayor Blas Bristole y el Diputado altagraciense y presidente de la Unión Ferroviaria, Antonio Barbeito,brindaron discursos. Se desconoce si Eva también hizo uso de la palabra.


“En febrero de 1946 los Ferroviarios compraron el Sanatorio Patem y se transformó en el Centro Tisiológico Ferroviario. En ese entonces tenía sala de internación con bastantes camas, laboratorio de análisis, farmacia y quirófano. Estaba muy bien para la época y muchos empleados del ferrocarril y familiares se atendían ahí por la mutual. La Unión Ferroviaria se encargó entonces de acondicionarlo mejor, hermosear el parque, cablear la sala de cirugía, modificarla y comprar reposeras clínicas para tomar sol que las iban cambiando de la mañana a la tarde. El tratamiento para la tuberculosis, en ese entonces, era descanso y sol, sol y más sol. Nadie sabía porqué ayudaba a los tuberculosos pero veinte años después se comprobó que los rayos ultravioletas y la luz solar destruyen el Bacilo de Koch”, explicó Piccón. Años más tarde, se llamará Policlínico Ferroviario.
Luego de la inauguración, el itinerario continuaba en La Paisanita y la Isla donde iba a inaugurar la Escuela Domingo Faustino Sarmiento y visitar las instalaciones de la Colonia de Vacaciones de la Unión Ferroviaria. Después de la corrida, el almuerzo estaba planificado en Alta Gracia.  “Primero le proponen a Eva hacer el almuerzo en el Sierras Hotel pero ella dice que no por considerarlo oligarca”, recuerda Piccón. Así también como se rehusó de participar del banquete organizado en su honor por el Gobernador de Córdoba, Argentino Aucher, en la sede del distinguido Jockey Club. Su perfil popular ya estaba marcado a fuego desde el comienzo.


Ya en la Paisanita, inauguró la Escuela Domingo Faustino Sarmiento, y finalmente almorzó entre los dirigentes y trabajadores de la Unión Ferroviaria en la Colonia que “se había empezado a hacer en el ‘42 y recién se iba a terminar en el ’52. Tenía apenas el salón principal, faltaban más de 100 casitas, pero ella quería comer con los ferroviarios. Y así lo hizo, entre más de 200 personas”. Después del almuerzo salió para Córdoba y así concluyeron los pasos de Evita en la ciudad del Tajamar. De aquella corta visita, hasta hoy solo se recuperaron copias de esas dos fotografías que posee Piccón pero siempre es posible que de algún cajón olvidado, aparezcan nuevas muestras de ese hecho histórico que prácticamente no se conocía.


El camino de Evita continuó con pasión y entusiasmo despertando amor y odio a lo largo y ancho del país. Finalmente, el 26 de julio de 1952 muere rodeada por Juan Domingo Perón, su familia, médicos y una considerable cantidad de personas que se congregaron fuera de la casa velando por su salud. Según se conoce, el comunicado de Radio Nacional lo había escrito Raúl Apold, a cargo de la Subsecretaría de Prensa y Difusión del gobierno peronista. Él lo quería leer pero se dice que una crisis de llanto se lo impidió y fue finalmente Jorge Furnot quien con su voz, informó al mundo que había fallecido a los 33 años, Evita Duarte de Perón.
 

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