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EDICIÓN IMPRESA

De las redes sociales al Registro Civil

Analía y Antonio se conocieron por Facebook y se enamoraron. En octubre, sellaron su amor.

Por Stefanía Tomalino
De Nuestra Redacción

El sábado 5 de octubre, amaneció despejado y con sol pleno en Alta Gracia. Mientras, en medio del nerviosismo típico de aquellos que saben que van a cambiar sus vidas, los novios se preparaban para dar el sí. Si hace algunos años, alguien le hubiera dicho a Analía y a Antonio que iban a volver a encontrar el amor y que lo iban a encontrar por medio de Facebook, ellos se le hubieran reído en la cara. 

Pero, hoy, el cuento es otro y la pareja se encuentra disfrutando de sus primeros días de casados, recordando la celebración de aquel día de primavera, con una ceremonia religiosa en la Iglesia de Fátima y una fiesta para 100 invitados en el salón de fiestas Vagni. “Estuvo tan linda la fiesta. Nos reímos, bailamos, lo disfrutamos con todos nuestros seres queridos”, asegura Analía Alfonso, la radiante novia de 65 años y altagraciense de nacimiento. “Hace mucho que no bailaba tanto”, dice con una pícara sonrisa Antonio Morero, que con sus 75 años “la descosió” en la pista de baile. El 5 de octubre fue un día largo para los novios, y la fiesta que arrancó al mediodía, se extendió hasta la noche, con la presencia de familiares y amigos. 

Pero esta historia de amor, empezó hace algunos años, con la red social Facebook como escenario, ya que los kilómetros separaban a la pareja. Antonio es de San Pedro, provincia de Buenos Aires. Con dos matrimonios a cuestas y cinco hijos, el docente ya jubilado, decidió volver a apostar al amor, y salió ganando, al igual que Analía. 

“Nos conocimos en 2012 a través de Facebook, bien modernos”, recuerda Analía, quien también fue maestra, en la escuela Comandante Espora. “La conversación era seria, sin cosas raras, porque una nunca sabe cuándo le van a salir con un martes 13, sobre todo en estos casos de Internet. Hablamos de muchas cosas: de nuestras vidas, nuestras historias, los viajes, que es algo que tenemos en común, y cosas de la vida”. Finalmente, el 9 de febrero de 2013 se conocieron en persona y la relación se afianzó aún más. Antonio vino de vacaciones con dos de sus hijas a Alta Gracia. Ahí aprovechó para visitarla y fue cuando se vieron por primera vez. Estuvieron un par de días juntos y después Antonio siguió viaje con sus hijas para Merlo.

“Yo, después de ese primer encuentro, dije ‘bueno, ya está, acá se termina’, pero no pasó así. Seguimos en contacto. Hablábamos por Skype, yo fui a visitarlo, y después decidimos viajar una vez cada uno. Estuvimos así un año entero hasta que decidimos arriesgarnos y probar con la convivencia. En abril de 2014, finalmente se vino para Alta Gracia. Todo era diciendo y haciendo” relata Analía y Antonio afirma que la decisión de mudarse a Alta Gracia no fue difícil: “Siempre me gustaron las sierras de Córdoba y la primera vez que viene dije ‘cuando me jubile me voy a vivir a Córdoba’ y así fue. Estoy muy contento, porque yo estaba muy solo en San Pedro, me sentía solo, porque mis hijos ya habían hecho su vida. No fue algo que me costó”.

La propuesta
El 23 de septiembre de 2017 fue el día que marcó un antes y después en la pareja. Para festejar el cumpleaños de Analía, Antonio la invitó a cenar. Ella siempre fue de festejar con amigos y familia, haciendo cosas multitudinarias son sus seres queridos o parejas amigas, pero esta vez Antonio le cambió los planes y le propuso que festejaran solos, saliendo a comer. “Antes que llegara el postre, saqué una caja con el anillo y la puse arriba de la mesa. Le dije ‘si te gusta, te lo quedás, si no, me lo devolvés’”, cuenta Antonio entre risas. “Yo no lo podía creer, no me lo esperaba ni lo sospechaba. Él siempre decía que en el 2020 nos íbamos a casar, pero para mí era un decir. Ese día, en medio del festejo de mi cumpleaños, nos comprometimos, con el objetivo de casarnos en 2020”. Los planes, sin embargo, se adelantaron, y finalmente la boda se concretó en octubre de este año. 

“Yo siempre hice todo completo, me casé con las tres”, dice Antonio entre risas, “porque iba a ser diferente con ella”. “Hicimos separación de bienes”, aclara Analía, “quisimos evitar los problemas y por eso decidimos que ‘lo tuyo es tuyo, y lo mío es mío”. La decisión de casarse y unir sus vidas legalmente no fue algo que les quitó el sueño y la pareja asegura que la convivencia es muy buena y se entienden sin problemas. “Obviamente que tenemos nuestros altibajos como todas las parejas. Yo estuve mucho tiempo sola, 20 años, y soy una mujer muy independiente que siempre tomó sus propias decisiones. Yo siempre fui de la idea de nunca estar en el banco de las suplentes, sobre todo a estar alturas de la vida, entonces la idea de casarnos a mí me gustó también. Somos muy diferentes y por eso nos complementamos. Él es más reflexivo, y yo soy más explosiva”. 

Los días pasan para esta pareja entre la armonía y la tranquilidad de su casa en el barrio Crucero Sud, aprovechando cualquier oportunidad para pasear por las sierras de Córdoba o tomar un mate en el parque del Sierras, mientras organizan la posibilidad de concretar su luna de miel, con muchas ganas de ir a la costa argentina y disfrutar unos días de sol y playa. 
 

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