Miércoles 13 de Noviembre/14:39 hs
EDICIÓN IMPRESA

Chetoslovaquia no nació el domingo

De sandeces... y no tanto.

Por Jorge Conalbi Anzorena

Director periodístico

 

Caía la medianoche en la estancia de Alta Gracia cuando su propietario fue sorprendido por la visita de un amigo, quien -ante el terremoto político producido en Buenos Aires- lo instó a asistir a una reunión urgente en Córdoba.  Hasta allí fue Jacques Antoine Marie de Liniers et Bremond, quien durante la madrugada del 29 de mayo de 1810 salió de aquella reunión como jefe del Ejército Realista en el Río de la Plata, con mando político en la región. En los días siguientes, el exvirrey del Río de la Plata ya había reclutado unos 1.500 hombres y alistado 14 cañones. La contrarrevolución se hacía fuerte en Córdoba.


“En las elecciones pasadas vimos cómo la Argentina se dividió en dos. Por un lado, apoyando un modelo capitalista, productivo, exportador, de libre competencia, republicano y respetuoso de las instituciones, se encuentra la franja central de nuestro país, formado por las provincias de Mendoza, Santa Fe, San Luis, Córdoba y el distrito CABA. Por el otro lado, el resto de las provincias, las cuales, a pesar de encontrarse sumidas en extrema pobreza, siguen votando por el caudillismo peronista que les asegura el paternalismo estatal”, reza la proclama separatista de una campaña en redes sociales iniciada tras la derrota de Mauricio Macri en las presidenciales del domingo. La movida propone independizar la región del resto del país, para que sea gobernada por el actual Prescidente. “Estamos cansados de vivir el avasallamiento del socialismo argentino, hoy decimos BASTA. En nuestros peores momentos, nos dejaron solos. No esperen que banquemos este modelo socialista que viene #CENTREXIT #ArgentinaDelCentro”, escribieron en sus cuentas de Twiter los herederos del #CORDOBEXIT nacido un día después de las Paso del 11 de agosto.


Bien podría tomarse a esta iniciativa como una humorada propia de la era digital, sin referentes visibles, transversal, fugaz. De hecho, en las redes se viralizó el mapa de Chetoslovaquia, rodeada por Peronia del Norte y Peronia del Sur. Los memes hicieron el resto.


Sin embargo, valdría la pena tomar en cuenta los antecedentes históricos, realidades socioeconómicas, culturales y mitos varios.


“Los catalanes trabajan y pagan impuestos para que los andaluces vivan de la seguridad social”, es una de las afirmaciones que flamea en las huestes del independentismo con epicentro en Barcelona. Le siguen estandartes similares: “Cataluña aporta más a España de lo que recibe”; “La electricidad cuesta 32 euros el megavatio hora en Cataluña y 14 en Madrid”; “Una burocracia nacional de 145 mil funcionarios bien pagos con impuestos de todo el país vive en Madrid y allí gasta su fortuna”.


En todos los casos -océano Atlántico mediante- puede reemplazarse Cataluña por Córdoba, sin alterar la proclama secesionista.

En agosto de 2016, el prescindente Macri -autoconfeso cordobés putativo- aseguró desde un palco que compartía con Juan Schiaretti, que los cordobeses “son peor que los catalanes”, y agregó: “si hubieran tenido mar, hace rato se hubieran ido” de la Argentina. El Gobernador presente aplaudió a rabiar.


Las acciones conmemorativas del Bicentenario de la Revolución de Mayo tuvieron sus particularidades en cada provincia. El 16 de diciembre de 2010, Córdoba -la misma en la que los contrarrevolucionarios del Siglo 19 se habían refugiado- presentó oficialmente su bandera.


La nueva enseña surgió del concurso “Buscando la Bandera de la Provincia de Córdoba” cuyo objetivo declarado fue diseñar una enseña que sintetizara la "identidad provincial” cordobesa. El diseño ganador pertenece al Instituto Argentino de Ceremonial y Relaciones Públicas INARCE, de Córdoba Capital. Cumple el doble propósito de rescatar los colores empleados por José Gervasio Artigas y ser compatibles con las de las otras dos provincias de la Región Centro: Entre Ríos y Santa Fe simbolizando, de esta manera, la vocación integradora del área.

Un año después: “Hoy nace el cordobesismo” clamó José Manuel de la Sota en su noche triunfal del 7 de agosto de 2011. El entonces flamante gobernador electo insistió, “no soy un peronista cordobés, soy un cordobés peronista, porque primero soy cordobés y después peronista”, explicó. Con el mismo espíritu didáctico, amplió el concepto: “En el cordobesismo estamos todos los que estamos dispuestos a defenderla por sobre todos los partidos”. 


Si bien el desaparecido exgobernador nunca propició secesionismo alguno, sí proponía una revisión del federalismo. “Formosa tiene los legisladores provinciales mejor pagos del país, pero recauda apenas el seis por ciento de su gasto público… sin violar las autonomías provinciales, se deberían debatir estas situaciones”, expuso De la Sota ante un grupo de periodistas en 2015, cuando intentaba llegar a la presidencia de la Nación.


La campaña del schiarettismo hacia las pasadas elecciones se basó en el impulso a la “boleta corta” que proponía “votá al Presidente que quieras, pero votá a los diputados de Juan”.


El cordobesismo como “ideología” hace que el peronismo y el macrismo, compartan en la provincia el 25 por ciento del electorado, según reveló recientemente el politólogo Mario Riorda. Los resultados de 2019 son elocuentes: con un padrón que orilla los 2,9 millones de electores, el 12 de mayo pasado Juan Schiaretti fue reelecto gobernador obteniendo poco más de 1,1 millones de votos. El último domingo, Macri cosechó en Córdoba poco más de 1,3 millones de votos.

Jacques Antoine Marie de Liniers et Bremond, héroe de la reconquista de Buenos Aires durante las invasiones inglesas de 1806 y 1807, fue leal al capturado rey de España y se puso al frente de la contrarevolución de mayo. Mariano Moreno entendió que el prestigio del militar francés era una amenaza para la Revolución y ordenó fusilarlo. Más de dos siglos después, Alta Gracia rinde homenaje a Liniers con su nombre en un barrio, una calle, una escuela y hasta hace pocos años, el principal museo de la ciudad.


Más allá del carácter marginal de los actuales secesionistas, antecedentes históricos, un entramado económico común y la construcción de relatos afines, abonan el espejismo de la región más rica del país con que se alimentan los sueños de los anónimos impulsores de la Argentina del Centro.


Que en esta presentación en sociedad haya quedado expuesta la expresión minoritaria que constituye Chetoslovaquia, no implica que se la deba subestimar.
 

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