Una “indignación” que indigna

Opinión: Sobre una editorial de La Voz del Interior.
viernes, 7 de mayo de 2010 · 00:00
Por Jorge Conalbi Director Periodístico Entre 1976 y 1983 hubo algunos militares que se resistieron –o directamente en-frentaron- a la instauración del Terro-rismo de Estado. Uno de los recordados ejemplos es el del ex coronel Juan Jaime Cesio, quien afirmó en plena dictadura que «bandas integradas por militares» habían usurpado el gobierno y cometido «delitos abe-rrantes, como el secuestro, la tortura y el asesinato de miles de personas». El 7 de noviembre de 1983, un «tribunal de honor» castrense le impuso la «descalificación por falta gravísima» y le quitó grado, título y uniforme. El tribunal le reprochó privilegiar «su condición de ciudadano sobre la de militar». Hubo más voces disonantes en las filas de la Iglesia Católica. Basta con recordar el rol jugado por El obispo de La Rioja, Monseñor Enrique Angelelli, y cientos de religiosos pertenecientes al Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo que fueron perseguidos por la Dictadura. Sin embargo, ni Cesio ni Angelelli pueden tomarse como expresiones institucionales, ni de las Fuerzas Armadas ni de la Iglesia. Son, en todo caso, las excepciones que confirman una negra regla. ¿Tiene que ser diferente para la prensa argentina? “...Pero en el mini acto de Plaza de Mayo se escuchó otra cosa más grave, que entra en el ámbito de la mentira y la infamia: la acusación indiscriminada de que los medios y sus principales periodistas apoyaron al último régimen militar y sus métodos de represión ilegal, en los años ´70. Es falso: los principales diarios nacionales y provinciales denunciaron y condenaron al terrorismo de Estado (...) Los medios, en su gran mayoría, jamás apoyaron la tortura, la desaparición de personas o las ejecuciones clandestinas, y siempre reclamaron la vigencia de los derechos constitucionales...” “Un ´juicio´absurdo y agraviante”; Editorial de La Voz del Interior; 4 de mayo de 2010, condenando el Juicio Ético y Político a los periodistas cómplices de la Dictadura, realizado en la Plaza de Mayo el pasado 29 de abril. “Cuando vino al país la primera inspección de la oficina de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos (OEA), se ordenaba en el medio (LV2) debía abstenerse de informar sobre el tema”. Eduardo “Lalo” Freyre (periodista – actual conductor del informativo de Canal 12), en su artículo “Memorandos”, revista Umbrales Nº 16; marzo de 2006 “…Previo a 1976 se publicaba una rutina diaria de noticias sobre secuestros, asesinatos o desaparición de personas. Incluso muy a menudo llegaban al diario los familiares a efectuar denuncias, nosotros los escuchábamos y procu-rábamos darle espacio. Después que tomaron el poder las juntas, nada de todo eso se podía informar y los familiares ya no venían con la aspiración de publicar. Sabían que era imposible”. Luis Reinaudi (periodista y abogado; Trabajó en el Diario Córdoba. Fue detenido en 1978), en su artículo “Acatamos la censura”; revista Umbrales Nº 16; marzo de 2006. “Ningún periodista puede aducir que no conocía las atrocidades que estaba cometiendo el gobierno militar. Lo sabíamos (…) no juzgaría a los trabajadores de prensa como cómplices. La responsabilidad fundamental estuvo en los medios de comunicación y no en las personas que escribían una u otra cosa obligados por un catálogo y una censura difícil de eludir. Deberíamos habernos ido del país para no ser cómplices, porque en definitiva, todos estábamos avalando, con la apología o con nuestro silencio, la dictadura”. Ángel Stival (periodista, columnista de La Voz del Interior) en su artículo “Debimos animarnos a decir cosas”, revista Umbrales Nº 16; marzo de 2006 “El éxito obtenido por las fuerzas Armadas en la lucha contra la subversión, la prudencia y discreción con que habitualmente proceden sus miembros en el gobierno, la inclinación de las autoridades por la democracia y la libertad son hechos de pública notoriedad que se traducen en la tranquilidad general y el orden jurídico que prevalece en el país. Los órganos de opinión se expiden con absoluta independencia. Los derechos existen y las garantías constitucionales, subsisten.” La Prensa el 5 de junio de 1982, bajo la dirección de Máximo Gainza Castro Esta editorial fue citada por José Claudio Escribano en 1981, ante la asamblea de la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa). Lo hizo para rebatir las denuncias de Risha Timerman, quien había asistido con sus hijos para denunciar el arresto y las torturas a la que era sometido su esposo Jacobo. Escribano, sentado en la primera fila, desmintió a la mujer acusándola de mentirosa ya que –en plena dictadura- en Argentina había libertad de expresión. Fue entonces cuando Risha le dijo: “Nadie te pide tanto”. (*) Escribano ha desarrollado prácticamente toda su carrera periodística en La Nación, diario del cual hoy es accionista. Apenas días atrás, el pasado 5 de mayo, ingresó como miembro a la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas. “El general Ramón Camps dedicó su libro donde da su versión del caso Timerman a Gainza Castro, a quien la fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo reclama infructuosamente que declare en la causa en la que intenta averiguar el paradero de su nieta Clara Anahí. Chicha Mariani nos contó que descubrió que en la declaración que hizo Camps ante el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas asegura que el señor Gainza Castro estuvo presente en el operativo donde fue secuestrada su nieta. Hasta que el señor Gainza Castro no aclare esta versión quedará pendiente una pregunta siniestra ¿qué hacía el director de un diario en un operativo donde se secuestró un bebe?” (**) En un informe dado a conocer por la Sociedad Interamericana de Prensa en 1978, Ignacio Lozano, por entonces propietario del diario La Opinión de Los Ángeles y Edward Seaton, propietario y editor del diario Mercury de Kansas, retrataron a los editores argentinos de la siguiente manera: “La mayoría de los diarios ignora la mayoría de los secues-tros. Por ejemplo, pocos quisieron cubrir la desaparición de diez dirigentes de las llamadas Madres Locas que se reúnen los jueves frente a la sede presidencial (...). Otros editores y directores dijeron que no le dan espacio a la violencia porque están de acuerdo con la campaña del gobierno en contra del terrorismo y que van a cooperar”. Según interpretó este informe en 1978 el motivo de esta actitud es el siguiente: “Se benefician de tal comportamiento al asociarse con el Estado para la producción de papel”. Fue Rodolfo Walsh el creador de la Agencia Clandestina de Noticias (Ancla), cuyos despachos informando sobre los secuestros y asesinatos cometidos por el régimen del terror llegaban a todas las redacciones. Pero, como Cesio a las Fuerzas Armadas y Angelelli a la Iglesia, ni a Walsh ni a los 112 periodistas desaparecidos durante los años de la barbarie entronizada, se los puede tomar como la expresión mayoritaria de la prensa argentina. Sin embargo, existe una poco sutil dife-rencia. Aunque se las pudiera considerar tibias o limitadas, tanto las Fuerzas Armadas como la Iglesia hicieron públicas autocríticas de su pasado reciente. La prensa, así, en grande, la del solemne tono de las editoriales de las corporaciones… ni siquiera amagó nunca a revi-sar su papel. Encima, otra editorial para la historia denuncia a la mentira y la infamia. Lo hace mintiendo sin descaro. (*) (**) De Claudia Acuña (periodista de reconocida trayectoria en diversos medios e integrante de la Cooperativa La Vaca), testigo en el Juicio Público organizado por Madres de Plaza de Mayo, juicio ético que indigna al diario cordobés

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