EDICIÓN IMPRESA

“Un día éramos dos y al siguiente fuimos seis”

“Kuquino” Villarreal y Lorena Jair, tras la experiencia y la aventura de adoptar a cuatro hermanitos.

Por Julia Conalbi
De Nuestra Redacción
 
Gustavo "Kuquino” Villarreal termina de cortarle el pelo a un cliente. En un rincón, Alejandro, su hijo, juega con un niño unos años más pequeño que él. Kuquino busca un espejo y le muestra a su cliente cómo ha quedado su cabello en la parte posterior de su cabeza. "¡Bárbaro, loco!” aprueba el hombre y se levanta de la silla. Mete la mano en el bolsillo de su pantalón y saca la billetera. Paga por el corte de pelo y le dice al niño "Vamos, nos vamos a casa”. El pequeño saluda a Alejandro y Kuquino se dispone a contar su historia a Sumario, el diario de los viernes. Presenta a Alejandro.

El niño tiene diez años y es uno de los cuatro hermanitos que él y su mujer, Lorena Jair, adoptaron hace tres años y medio. Sonríe, saluda y regresa al rincón del local a completar una tarea para la escuela. Es lunes, pero Cuquino atiende una de las pocas peluquerías de la ciudad que abre ese día. "Es que con cuatro chicos, hay que trabajar mucho”, dice sonriendo y revisa de reojo la tarea que realiza Alejandro.

Kuquino y Lorena alguna vez se plantearon tener hijos, pero siempre lo pospusieron. Se conocieron hace veinte años trabajando en el tradicional bar "El Quijote”, en donde él estuvo durante veinticinco años. Él llevaba varios años como mozo del lugar cuando ella lo suplantó durante tres meses. "Cuando yo volví, ella quedó. Nos conocimos, estuvimos seis meses de novios y nos casamos. De eso hace ya veinte años”. Los niños llegaron a cambiar la vida de la pareja cuando ya llevaban dieciséis años juntos. Sin haberse planteado tener hijos, ellos llegaron a su vida casi de casualidad.

Familias para Familias

"Hace cuatro años, Lorena se entera por un mensaje que le manda un conocido que estaba el programa Familias para Familias. Entonces decidimos inscribirnos para ayudar a alguien, para hacer una buena acción. No pensábamos en ese momento en tener hijos” explica sonriendo Kuquino. Familias para Familias es un programa del Ministerio Justicia y Derechos Humanos a través de la SeNAF (Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia) "Hay niños que por atravesar situaciones graves de vulneración de derechos son separados de sus familias de origen hasta tanto se resuelva su situación. Para estas circunstancias especiales y de carácter excepcional, la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia desarrolla el programa Familias para Familias: un conjunto voluntario de familias solidarias dispuestas a brindar cuidado y contención temporal a niñas y niños alejados de su entorno familiar que no pudieron ser acogidos por su familia extensa o una familia comunitaria. La tarea del programa es continua y necesita de la solidaridad de la comunidad. Consiste en un trabajo de búsqueda, evaluación y acompañamiento de los grupos familiares que deciden tomar parte en la protección de derechos de la niñez” reza la página de prensa del Gobierno de la Provincia de Córdoba en la convocatoria para 2018. El programa no consiste en la adopción de niños, sino en brindarle acogimiento temporal hasta tanto se defina la situación judicial. En ese programa se inscribieron Kuquino y Lorena y cuando debieron completar en un formulario a quiénes podrían alojar en su hogar, indicaron "grupo de hermanitos”.

"Nos inscribimos en ese programa y cuando fuimos a una reunión, nos informaron que había cuatro hermanitos que pedían la adopción. En ese momento, dijimos que lo teníamos que pensar, porque era algo muy distinto del programa en el que nos habíamos anotado” recuerda Kuquino. "Nos habíamos entusiasmado con la idea de darle amor a una persona que viniese por distintos motivos. Nos presentan a los cuatro niños, estaban en un instituto en Villa Allende. En ese momento, Sabrina, la más chica, tenía seis años; le sigue Alejandro que tenía siete; Priscila de diez y Tamara de trece. Los visitamos un sábado y los dejábamos en el hogar el domingo, a través de una orden que nos daba un juez” explica Kuquino. Y luego recuerda con exactitud la fecha en que la Justicia les permitió a él y a Lorena llevar a los niños a vivir con ellos: 20 de diciembre de 2014.

"Llenaron la casa de luz”

A partir del momento en el que los niños comenzaron a vivir en su casa, la vida de Kuquino y de Lorena cambió absolutamente. "Mi casa se llenó de luz. De repente, un día éramos dos y al siguiente fuimos seis. El hogar fue un mundo de gente, debimos armar una pieza. Pero fue un acto hermoso y estoy satisfecho. Noso-tros éramos una familia que al mediodía si queríamos almorzábamos y si no, con unos mates pasábamos. Hoy en día, estamos haciendo las cuatro comidas que se debe hacer en una familia. Es una experiencia muy linda, muy hermosa. Nunca había pensado que tendría hijos adoptando, pero así se fueron dando las cosas y así llegamos a donde hoy estamos y estoy profundamente satisfecho” relata Kuquino. 

Luego de la llegada de los niños, muchas cosas debieron cambiar en la familia. La más inmediata fue la necesidad de incrementar los ingresos. Lorena empezó a trabajar en una agencia de quiniela y Kuquino emprendió el proyecto de abrir su propia peluquería. Actualmente, los chicos tienen entre nueve y dieciséis años. Dos de ellos asisten a la escuela primaria a cuarto y quinto grado y las mayores van al secundario, a segundo y cuarto año.

Tres años y medio después de que los niños fueron a vivir con ellos, Kuquino y Lorena aún esperan que salga la orden de adopción definitiva. En este tiempo, ningún trabajador social ni responsable del Estado los visitó para realizar un seguimiento de los chicos."Lamentablemente, la Justicia es muy lenta y eso dificulta que muchos niños sean adoptados” concluye Kuquino.


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