Viernes 15 de Diciembre/16:35 hs
EDICIÓN IMPRESA

Un fin de año pisando baldosas

Por Jorge Conalbi Anzorena, Director Periodístico.

Por Jorge Conalbi Anzorena
Director Periodístico
 
Cuando termine de brindar despidiendo el año, Facundo Torres Lima se aprestará a recibir 2018 estrenando gabinete municipal. Y por estos días, a la habitual danza de nombres propia de estos casos, una palabra comenzó a ser reiterativa: apertura.
Se trata de uno de los primeros impactos del resultado electoral de octubre. "Así, como no podemos hacernos cargo de una derrota eminentemente nacional, tampoco podemos desentendernos de los números de Alta Gracia”, admitió uno de los funcionarios que no tocan la puerta antes de entrar al despacho del Intendente.

Los más de 15 mil votos obtenidos por Cambiemos el pasado octubre no sólo ilusionan a esta alianza con llegar al gobierno de Alta Gracia en 2019, sino que obviamente preocupan a Unión  Por Córdoba. Unos y otros saben del peso que tienen las referencias locales en una elección municipal, por lo que ambos muestran cautela. "Hay que abrirle la puerta a otros sectores del peronismo”, confió –resignado-  un cercano colaborador del jefe comunal. Aunque no lo dijo, la referencia es obvia: el sector del legislador Walter Saieg no tiene representación alguna en el reducido grupo de confianza de Facundo Torres Lima.

Días atrás, durante el acto de apertura de sobres para la licitación del Acueducto Alta Gracia – Valle Alegre – Villa del Prado, no pasó desapercibida la foto del Intendente flanqueado por el legislador y por el viceintendente Juan Manuel Saieg. No pocos leyeron en esa imagen un nuevo período de acercamiento. Es que aunque uno y otro suelen cuidar las formas, regalarse sonrisas y evitar que la sangre llegue al río, en las segundas y terceras líneas, el enfrentamiento no ofrece grandes disimulos.

Sin posibilidad de reelección, a Torres Lima lo persigue el fantasma de tener que cederle el Sillón de Lepri a un opositor. De allí que cuidar al peronismo vuelva a ser una prioridad.

Párrafo aparte merece Roberto Urreta, quien buscando juego propio parece haber quedado lejos de ambos armados: "Roberto quiso colocarse en el medio y se lo tragó la grieta”, razonó con sorna un escudero del legislador.

Con las armas listas

En el planeta Cambiemos, se sufren los apremios del crecimiento. Varios referentes de la UCR local esperan dos cosas: que el PRO respete el mandato presidencial de llevar como candidato en 2019 a quien mejor mida en las encuestas, por un lado, y que el partido amarillo no logre encontrar "un tapado” capaz de superar la alta intención de voto que detenta el radical Leandro Morer.

No reina la confianza mutua en la coalición. Por eso –independientemente de los supuestos consensos alcanzados- el radicalismo ya vela las armas que necesitará en caso de una confrontación interna con el PRO. Algunos dirigentes radicales no están dispuestos a tolerar que el partido del Presidente –de escaso desarrollo en la ciudad- pretenda imponer el candidato de Cambiemos.

Otra de las batallas internas centrales se librará en el Departamento, donde las referencias ya no son tan claras como en las ciudades y comunas. Un sector del PRO trabaja con el indisimulado propósito de colocar a Ignacio Sala –presidente de la pequeña comuna de La Paisanita- a la cabeza de la boleta departamental. Erigido en referente de la mano de la senadora Laura Rodríguez Machado, Sala aún no logró constituir un grupo de propios que demande ambas manos a la hora de contar a sus integrantes. Pero como suele repetirse, "es lo que hay”.

Desde la vereda radical, con una histórica construcción territorial, varios referentes ya dan el presente en toda la geografía de Santa María.
La carrera está lanzada.

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