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Macri, aprendiendo de Néstor Kirchner

Panorama político.

Por Jorge Conalbi Anzorena
Director Periodístico 
 
Cuando en 2003 Néstor Kirchner llegó a la presidencia de la mano de Eduardo Duhalde, rápidamente se libró de su "padrino” político disciplinando a los intendentes de la Provincia de Buenos Aires gracias a la billetera del Estado Nacional. Cuando no fue posible sumar a un gobernador, el expresidnete le caminó el territorio sublevando a los jefes municipales. Fue la base sobre la que -a pesar de haber llegado al gobierno con el 22,24% de los votos- construyó un capital político que prolongó el kirchnerismo a 12 años de gobierno.

Maurcio Macri llegó al gobierno venciendo a Daniel Scioli por menos de tres puntos y con un Congreso dominado por la oposición. Al igual que su antecesor, el Presidente apeló a las arcas públicas para disciplinar gobernadores y, aunque dividiendo a la oposición muy rápidamente logró neutralizar su desventaja numérica en la Cámara de Diputados, tiene por delante la necesidad de pintar de amarillo el Congreso en 2017. Se trata de reducir a la mínima expresión parlamentaria tanto a las diferentes expresiones del peronismo como a los aliados de la Unión Cívica Radical. A diferencia de los dos partidos tradicionales, el PRO no cuenta con una estructura nacional para encarar esa tarea. Por eso, los intendentes vuelven a ocupar un lugar de privilegio.

Si bien -a la inversa del gobierno anterior- las ayudas y programas de la Nación bajan a los municipios a través de las administraciones provinciales, la operación política destinada a cooptar caciques territoriales de todo el país ya comenzó.

La semana pasada se concretó en Tecnópolis una gigantesca cumbre de Intendentes de todo el país, a la que asistió la mayoría de los representantes del Departamento Santa María. La actividad buscó presentar los distintos programas y líneas de financiamiento que el Estado Nacional destina a las administraciones municipales, y que muchas veces el mero desconocimiento de los mismos hace que los interesados no acudan en su búsqueda. Sin embargo, la autofoto del Presidente Macri con miles de intendentes a su espalda tiene un inocultable valor político con vistas al cercanísimo 2017.

Unos más, otros menos, nadie se vino de Buenos Aires con las manos vacías y los jefes comunales se apresuraron en salir a exhibir diversos acuerdos sellados con la Nación. Por supuesto que de allí a dar base de sustentanción al PRO hay un largo trecho, pero con audacia el macrismo dio el imprescindible primer paso en esa dirección.

La mayoría de los administradores mencionan a la necesidad de garantizar la gobernabilidad como razón para subirse a la foto y acordar con el gobierno nacional. Un pragmatismo que no les suma políticamente, pero que les permite sortear los sobresaltos del quehacer diario y hasta mostrar alguna que otra obra negociada en Buenos Aires.

Desde la otra vereda, la oposición dispersa también ve en el año que se avecina la oportunidad de plantarse con vistas a 2019. Los efectos de la política económica implementada por el macrismo -con desempleo, aumento de la pobreza y caída de la actividad- están en el menú de herramientas. El alto endeudamiento externo podrá ser un paliativo, aunque resta ver cómo impacta en un año electoral.

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