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La fábrica del miedo

La viralización de un audio de WhatsApp -grabado por una vecina de Alta Gracia- volvió a alimentar el debate sobre la inseguridad en la ciudad.

Por Jorge Conalbi Anzorena
Director periodístico 
 
La viralización de un audio de WhatsApp -grabado por una vecina de Alta Gracia- volvió a alimentar el debate sobre la inseguridad en la ciudad.

¿Tiene Alta Gracia un problema serio de inseguridad?, cabría preguntarse, adelantando que el "sí” sería la respuesta que se impondría ampliamente en una eventual encuesta. Y para una inmensa mayoría de vecinos existe una suerte de convencimiento de que "ya no se puede ni salir a la calle”.

Sin embargo, la frialdad de los datos indica que la sensación social debería ser diferente.
El último homicidio en ocasión de robo -el del cura Luis Cortés- ocurrió hace más de un año. Y sobran muchos dedos de una mano cuando se pretende enumerar los asesinatos por robo en los últimos diez años.

Como contrapartida, sí resulta alarmante la cantidad de femicidios y diferentes casos de violencia de género que registra la ciudad, y este problema probablemente no sería mencionado por la ciudadanía en esa hipotética encuesta.

Semanas atrás, una seguidilla de falsas denuncias de adolescentes que aseguraban haber sido víctimas de intentos de secuestro, también ayudó a fortalecer los temores ciudadanos. Pero aunque el miedo fue grande... en realidad, nada había ocurrido.

No quiere decir que el delito contra la propiedad no aumente: arrebatos, hurtos, robos domiciliarios y hasta algunos asaltos son parte de una situación nueva que, probablemente, se irá volviendo cada día más compleja. Por ahora, se trata de delitos menores, en cuanto no ponen en peligro la integridad física y la vida de las personas.

El audio del miedo
Aunque no resulta novedoso señalar el papel de los medios de comunicación en la instalación del miedo colectivo, no por eso hay que ignorarlo. A ese rol, se le fue agregando en los últimos años la actividad en las redes sociales, suerte de refugio de muchas personas para expresarse e intentar "comunicarse” en ese océano de la incomunicación.

Semanas atrás, una mujer llegó a su casa y la joven que cuida a sus hijos le dijo que dos personas que decían ser abogados habían llegado para desalojarlos, pero que ante su negativa a salir o dejarlos entrar y al llamar telefónicamente a un familiar, los visitantes revisaron papeles, pidieron disculpas por las molestias y explicaron que se habían equivocado de domicilio.

A la protagonista de esta historia le llamó la atención la falta de acompañamiento policial en el aludido desalojo, por lo que llamó a la Comisaría y no tardó en grabar un audio de WhatsApp, en el que describió el vehículo en que se movilizaban los sospechosos y advirtió: "Evidentemente estas dos personas querían entrar a mi casa, a robar o querían llevarse... no sé, mejor no lo quiero ni pensar. Lo único que sé es que todo es un plan, todo es mentira y que estaban tramando algo que no es algo bueno. Tengan mucho cuidado con los chicos, esto pasa todos los días y nos puede pasar a todos”.

En minutos, la advertencia se viralizó y numerosos vecinos de Alta Gracia la recibieron -incluso varias veces- proveniente de diferentes contactos.

Tras el llamado, la Patrulla Preventiva de la Policía salió en busca del vehículo denunciado, al que encontró minutos después, comprobando que en el mismo se trasladaban una Oficial de Justicia y un martillero de la ciudad, quienes, tal como habían explicado, se habían equivocado de dirección.

¿Qué hubiera ocurrido si en lugar de la policía, a estos profesionales los hubiera encontrado una partida de vecinos temerosos ante lo que -no les cabía duda- eran secuestradores de niños?
Una simple equivocación de domicilio derivó, además, en una innecesaria utilización de efectivos policiales.

"Algo muy grave va a suceder en este pueblo”, es el título de un breve y recomendable cuento relatado por Gabriel García Márquez en un congreso de escritores, en 1970. Allí describe cómo el miedo puede producir verdaderas catástrofes.

Siglos antes, Thomas Hobbes, en Inglaterra y Nicolás Maquiavelo, en Florencia, se explayaron bastante sobre la utilización política del miedo. En sus obras, "Leviatán” (Hobbes-1651) y "El Príncipe” (Maquiavelo-1513), la utilización del miedo está en manos del poder, aunque su reproducción sea masiva, y sus consecuencias han sido objeto de numerosos estudios.
El miedo colectivo -en el siglo de las redes sociales- constituye una incógnita preocupante.
 
Este artículo fue publicado en la edición 741 de Sumario, el diario de los viernes, correspondiente al 28 de octubre de 2016.
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