Homenaje

No sólo muere Santi

El homenaje de Claudia Tejeda a Santiago Ortiz.

Por Claudia Tejeda

Especial para Sumario

 

No sólo muere Santi. 
Morimos un poco, todos los que tenemos la misma edad. 
Muere su primera guitarra, su bajo, su parsimonia. Muere la complicidad de su risa entre canciones, hipnosis de los adultos jugando a tener la edad de los hijos. 
Muere el jazz debajo de su manga, sus noches talentosas en un escenario grande o al fondo de su casa. 
Mueren los kilómetros de un taxi en reversa, con la bandera baja de su sombra libre de toda fama, de siempre humilde.
Muere su voz atrapaniños de soles con fiaca y de indios con hambre que piden delivery a las rotiserías. 
Muere su puño en alto, su voto comprometido, su manera tan humana de mirar la realidad.
Muere un esposo, un papá, un hermano. 
El vecino simpático más conocido.
Muere todo lo que quedó pendiente en las partituras. Y, hacia atrás, sigue muriendo el adolescente con futuro, que cantaba en las misas de Mallín.
Y andamos conmovidos repasando las coincidencias en la vida. 
Más despiertos que nunca pensando en nuestra propia brevedad. 
Pero vos, Santi, sos de esas personas que no terminan en sí mismas, porque tu huella tiene el antojo de seguir creciendo.
 Algún tobogán de la plaza jugará con tu nombre y en las calesitas de la ciudad serás infinito. 
Me quedo cantando con mis nietos tus canciones, mientras vos llegás al sol por el cuello de una jirafa.

(*) Escritora y poetisa de Alta Gracia

 

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